Charlie López

UN ESPONTÁNEO / El pueblo tiene sed de condena, no de justicia

Artice

CHARLY E. LÓPEZ / animació[email protected]

La justicia se ha definido como dar a cada quien lo que le corresponde de conformidad con las leyes que regulan el accionar de los hombres. Esta definición tan simplista es, a la vez, la mejor para determinar la fuente esencial del derecho y, por ende, de la administración de la justicia: la ley.

Si la ley no dice, nadie debe de decidir para dar lo que corresponde a los juzgados y a lo juzgado, de hecho nuestro ordenamiento jurídico permite levantar este velo prohibido a las autoridades para favorecer a quien es sujeto activo de ser juzgado, es decir que se puede ir más allá de lo que dice la ley para favorecer a los justiciables en materia penal o constitucional.

Pero la justicia suele ser juzgada, lamentablemente sobre todo cuando se considera indulgente, pues la humanidad no ha podido desterrar aun aquella actitud que logró condenar al más inocente, al prístino cordero de Dios, a Jesucristo, juzgado, condenado y crucificado por presión popular, por aclamación.

Hoy sucede igual, asumimos la justicia con fanatismo y no permitimos en nuestra obcecación y obstinación ver las verdades que nos contraponen a esa sed de sangre tan propia de nuestro origen animal y de las creaciones literarias monstruosas. De la justicia todos somos parte, la forma en que la recibimos o apoyamos, criticamos y respetamos, entendemos y estudiamos, por ello los pueblos tienen la justicia que merecen y pagan.

A mí me aterra la justicia, pero no la que administran los jueces, sino la que se impulsa desde la sinrazón y se opone a las garantías cuando se han intentado dar a cada quien lo que corresponde.

Me duele y aterra la respuesta en repulsión del elemento complementario y más incidente hoy día de la justicia, de las masas, por ello hay que hacer esfuerzos en construir justicia en cada hombre, de producir hombres justos que se masifiquen y proyecten en aupar o contrariar sobre la base de la razón, la lógica y el respeto a la ley. Ya crucificamos a un Cristo, ¿acaso son necesarios más para producir la comprensión de lo inadecuado de esa postura de sed de condenas y no de justicia?

 

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