SIN TAPUJOS / Vigilar a los que vigilan

Artice

Oscar Quezada / [email protected]

En su discurso ante la Asamblea Nacional, el presidente Danilo Medina tocó uno de los temas más esperados por millones de dominicanos, de aquí y de allá, la inmigración ilegal de haitianos hacia este lado de la isla.
Pero el anuncio de que enviaría más militares a la frontera fue quizás la parte más o menos novedosa aludida por el primer mandatario, porque ya luego fueron más repeticiones para complacer peticiones, que sugerencias prácticas para resolver un problema ancestral.
Realmente, tampoco es nueva la presencia de guardias en la frontera, porque a lo largo de los 388 kilómetros lineales que nos separan de nuestros vecinos, tenemos miembros de las distintas ramas de las Fuerzas Armadas, donde ejercen control según las responsabilidades conferidas por sus altos mandos.
Pero en medio de las expectativas de que el presidente Medina dijera cualquier cosa en torno a esta espinosa situación, vale la pena echar una mirada a la orden de ampliar el número de militares en las zonas fronterizas.
Veamos. Cuando Danilo tomó la decisión de incluir este anuncio en su extensa alocución, ignoro si por su cabeza pasó la idea (mayoritariamente compartida) de que los militares, en vez de ser elementos básicos para la solución del tráfico irregular de personas y mercancías por la frontera, con marcada frecuencia son parte activa de ese ilícito.
Es que dadas las múltiples experiencias de antaño y del pasado reciente, resulta inevitable obviar que militares de bajos y altos rangos forman parte de las mafias que trasiegan haitianos indocumentados y diversos productos sin pago de impuestos por los pasos fronterizos.
Es un secreto a voces del que sería ingenuo pensar que el presidente de la República maneja datos difusos. No puede ser, porque el presidente es la persona mejor informada del país. Y por si surgen dudas al respecto, no pasa mucho tiempo sin que algún reporte periodístico nos recuerde esta ignominia.
Por eso, cobra sentido que el presidente socialice con sectores de incuestionable reputación, dentro y fuera de las Fuerzas Armadas, mecanismos de vigilancia para seguir de cerca a los responsables de vigilar la frontera.
Es cierto que existen instrumentos de inteligencia a lo interno de los cuerpos castrenses que responden a esta tarea. Pero hace falta más, porque incluso los vigilantes de los que vigilan también se han rendido a la tentación de sumarse al mal para obtener dinero mal habido.
La combinación de bajos salarios, incentivos privilegiados y poca motivación institucional, crea el caldo de cultivo para la corrupción a diferentes niveles en la esfera militar. Qué no será, pues, en la frontera con Haití, donde a diario se mueven cientos de miles de dólares producto del comercio (legal e ilegal) entre ambas naciones.

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