SIN TAPUJOS / Cada cosa en su lugar

Oscar Quezada.

Oscar Quezada

Durante las últimas semanas, los medios de comunicación de todo el país se han hecho eco de la penosa situación ocurrida a la turista estadounidense Tammy Lawrence-Daley, mientras pernoctaba en el hotel Majestic Elegance. Esta es la dama que afirma fue atacada dentro de las instalaciones de ese hotel, en circunstancias que todavía no se atreve a explicar, al menos hasta el cierre de la presente edición de este semanario.

Es un suceso que al margen de las motivaciones que pudieran estar de por medio, siempre será lamentable, porque se trata de un ser humano que sufrió en carne propia golpes que fueron evidenciados a través de fotografías que la misma turista difundió a través de sus redes sociales.

Sin embargo, se cuestiona el inexplicable silencio que mantuvo durante tanto tiempo en torno a este episodio, que ya sabemos que ocurrió hace varios meses. Es cuestionable, porque culpar e identificar responsabilidades sin presentar elementos que sirvan para sustentar tales denuncias, solo sirve para alimentar dudas y especulaciones.

Lo ocurrido a esta mujer ha sido igualmente publicado por importantes cadenas de noticias de relevancia mundial. Y esto pone entonces entredicho la bien ganada imagen de República Dominicana como destino turístico por excelencia, especialmente la zona de Punta Cana, que es donde se aloja el grueso de visitantes extranjeros que vienen a disfrutar de nuestras bondades.

Es por esto último que saludamos la respuesta a preguntas formuladas sobre este caso a la embajadora de Estados Unidos en el país, Robin Bernstein, quien ha calificado este hecho como un evento puntual.

Lo que ha dicho esta diplomática es que no se trata de una acción producto del clima de inseguridad o criminalidad, que la señora Tammy Lawrence-Daley pretende proyectar en la esfera internacional sobre nuestro país, lo cual es absolutamente incierto y mal intencionado.

Es verdad que el Estado dominicano tiene situaciones de seguridad pública, como las tienen todos los países del mundo, uno más que otros, claro está. Pero es mentira que este problema sea de tal magnitud, que se refleje incluso dentro de una infraestructura hotelera, y mucho menos en Punta Cana, donde turistas de todos los confines de la Tierra lo escogen para vacacionar.

Es de orden la solidaridad con lo acontecido a esta mujer, pero igualmente se cuestiona que, al mantener silencio sepulcral en torno a datos que pudieran arrojar más luces a este escabroso suceso, la imagen de este destino turístico se vea empañada y vilipendiada de manera implacable y deliberada.

El buen nombre de República Dominicana debe ser defendido a capa y espada. Que se sepa, porque cada cosa debe ser puesta en su justo lugar.

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