RINCÓN HISTÓRICO/ El viaje a la capital en la guagua La Marinita

Antonio Cedeño (Macho).

Antonio Cedeño(Macho)

En la curva del kilometro 3, se subieron tres campesinos con seis aparejos hechos por ellos, y que subieron en el badén, luego la guagua se estacionó en el kilometro 6, en la tienda de Nene Garrido, quien fuera alcalde pedáneo de la sección de Santana, donde subieron dos cajas de huevos.

Estas cajas eran el recipiente en donde llegaba las latas de gas kerosén del extranjero, se recibían varios sacos de mangos banilejos y sacos de naranjas, de las llamadas de Eleodoro, en Villa Ramfis, La Enea, donde mi padre tenía una farmacia que atendía Julio Villanueva, que fuera consumida por el fuego.

Los camiones cargaban maní del almacén que regenteaba Denis Pepén, para llevar a la Manicera en la capital. Se veía la casa de mármol de doña Nicomedes Solano, y se decía que los mangos banilejos eran de su propiedad.

En la escuela, estaba la profesora Silvia Villavicencio, que duró muchos años allá, Luego antes de llegar a La Enea pasamos la propiedad de don Eugenio Miranda, que fue adquirida por el señor Rodolfo Santana, donde se mostraba un negrito en la puerta, hecho de yeso con quepis y una herradura en la mano, que era el modelo de su existencia.

Antes de perder la vida por la explosión de una caldera, y que era hermano de Ernesto Miranda, que su ausencia le salvó la vida. Según me contara la abuela, en uno de los viajes que hiciéramos a La Enea, a donde Dionisia Lizardo, me bañe en el arroyo de Guaniabano, donde se sumergían los cristianos o evangélicos después de aceptar a Cristo.

Síguenos en Instagram