RINCÓN HISTÓRICO / El viaje a la capital en la guagua La Marinita

Casa Cuesta
Antonio Cedeño (Macho).

Antonio Cedeño (Macho)

Cervantes, su compañero inseparable de viaje, y cobrador de la guagua, le esperaba en la esquina, con Viejo, el encargado de los bultos y el badén, juntos se encargaban del garaje que quedaba en la calle Colón, en terrenos que colindaban con “don José Benita”, donde vivía el doctor Alejandro Pilier Raposo, fallecido reciente.

En esa esquina estaba la casa de doña Anita Villanueva y su esposo don Lico Villanueva, y su hijo Rafael (Fefé), que murió muy joven victima de la tuberculosis, que aún habita las casas más pobres de la ciudad y el campo, como el refrán, -como Pedro por su casa.

Después de calentar el motor de la guagua, de ocho cilindros, el roncar del motor se escuchaba a una cuadra del lugar, en un solar vacío, donde estaba la DGII, al lado estaba la casa de mi abuela, que se sostenía incólume, mientras, en el solar estaba otra casa, que fue barrida por el ciclón de mil novecientos veinte uno.

Yo, tomaba café tostado, majado y colado por la abuela, para que estuviera listo cuando viniera la guagua. Si, era esa guagua, que su motor sonaba como los ecos de un avión en la mañana, y que me llevaría para un lugar indeterminado que se llamaba Ciudad Trujillo, a donde vivía mi papá.

“Tu papá, te quiere llevar para la capital, me dijo que te preparara para el lunes en la madrugada”. Me dijo la abuela el martes en la noche, como quien no quiere que yo me diera cuenta de que el tiempo comenzaba a contar en contra de los dos.

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