Andrés van der Horst.

REPENSANDO EL FUTURO / Cruzando el Boulevard Turístico

Andrés van der Horst.
Andrés van der Horst.

ANDRÉS VAN DER HORST / [email protected]

No cabe la menor duda de que una de las inversiones públicas más rentables, desde el punto de vista económico y social, que ha realizado el Estado en los últimos cien años ha sido la inversión en obras viales costeras en la República Dominicana, iniciada en los gobiernos de Balaguer y seguida por las de los gobiernos del PLD.

En mi humilde parecer, la más importante de todas ha sido la Autovía El Coral que une la ciudad de Santo Domingo con el Aeropuerto de Punta Cana y la extensión de este desarrollo vial, que une este importante aeropuerto con las playas de Bávaro, Macao y Uvero Alto, hasta llegar a Miches: el Boulevard Turístico del Este.

Pero esta obra ha servido para separar de forma material dos realidades que conviven en esta importante demarcación turística: El mundo de fantasía de grandes hoteles y fabulosas villas veraniegas y grandes inversiones cuidadosamente planificadas que dan vida a centros comerciales y lugares de entretenimiento de clase mundial en Bávaro y Punta Cana con una realidad social totalmente diferente en Verón.

Basta cruzar el Boulevard hacia el interior, ya sea en el punto de “Los Manantiales” a la entrada de Verón, o más adelante en la entrada de “Friusa”, para encontrar un hormiguero humano, improvisando viviendas y comercios, sin ningún control, planificación, infraestructura o servicios, que desafían la sostenibilidad ambiental y el desarrollo humano y productivo.

Las comunidades así asentadas no necesariamente viven en precariedad económica. Es una zona de pleno empleo, de íntima vinculación al turismo y a las divisas, pero desprovista de atención estatal.

Sólo la ausencia de una autoridad municipal y provincial explica como en una zona tan próspera desde el punto de vista económico no pueda dotar a sus ciudadanos de soluciones habitacionales dignas, asfaltado de calles, aceras, contenes, recogida de basura, hospitales, transporte, agua potable, entre otros requerimientos mínimos.

Me dirán que lo mismo ocurre en la ciudad capital, el centro político-financiero nacional, donde al lado de residenciales de clase alta se asoma la miseria de La Yuca o La Puya; Sin embargo habiendo residido en ambos lugares puedo afirmar que la diferencia aquí es más marcada e insostenible.

Y es así porque quienes viven allí trabajan y producen dinero y porque el ingreso promedio duplica y quizás triplica la media nacional. Entonces, cómo es posible que los barrios de Verón estén en condiciones simplemente indignas donde no hay orden, limpieza, ni espacios planificados.

Quienes allí viven, se trasladan a diario a zonas bien cuidadas, ordenadas, señalizadas, con jardines y parques y se les pide sonrisas, amabilidad, educación, buen trato y eficiencia en su trabajo.

Esa bipolaridad, dicotomía en una zona que tiene tanto que aportar, tanta riqueza que repartir genera muchas amenazas, por lo que no basta trazar la raya del Boulevard.

Es hora de abrir los ojos, cruzar la calle, darles la mano e impedir que el crecimiento de nuestra zona traiga consigo desorden, inequidad, arrabalización y olvido.

Síguenos en Instagram