Luis de la Cruz

REFLEXIONES / Ausencia de entendimiento

Luis de la Cruz
Luis de la Cruz

LUIS DE LA CRUZ NOBOA / [email protected]

Poco más de diez años han sido suficientes para cambiar la forma de ser del dominicano; desde entonces, resulta imposible entendernos entre nosotros sin importar el motivo. Cualquier pleito de comadres va a tocar la puerta de una Fiscalía. La cerrazón mental desarrollada nos impide entendernos con los más cercanos. Recurrimos a la intermediación judicial para lo más mínimo.

Atrás quedaron los tiempos en lo que un vecino podía corregir a nuestros hijos, so pena de que en la actualidad vaya a ser tildado de abusador y/o acosador. ¡No lo hacemos! Lejanos a su vez se encuentran los momentos en el que un desacuerdo con nuestro vecino por nuestra vivienda, un lindero, un parqueo, malas conductas de nuestras mascotas, se resolviesen dialogando, sin precisar de sometimientos judiciales, municipales o policiales.

Dilatadamente distante está el período donde por causa de un accidente vehicular, los afectados acordásemos subsanar los daños sin el enredo legal de los seguros. La distancia se hace presente en el instante causado por ausencia de inteligencia emocional o presencial de poca educación familiar en el cual insultamos o agredimos a alguien de nuestro entorno. Con la cordura en retirada, la ofensa se judicializa como querella.

Ni el polvo se ve, de la época mediante la cual un vecino nos proporcionaba los servicios de agua, luz y teléfono, ante una avería física o monetaria sufrida por uno de estos servicios. Contrariamente esta circunstancia se ha complicado resolviéndose regularmente ahora en los departamentos legales y de protección al consumidor de las prestadoras de servicio.

Siempre ocurrirán asuntos y situaciones direccionados únicamente hacia la solución por la vía judicial. Pero no son todos.

Consecuentemente hemos recibido la elaboración de tantos códigos y leyes, nos han judicializado la vida, poniendo en un estrado y con un jurisconsulto lo que antes se resolvía de manera amistosa.

Previamente el entendimiento lo propiciaba la persona de mayor solvencia moral de una comunidad, el religioso de la misma, el de mayor edad del sector, el líder comunitario. Actualmente ha devenido en una suerte de recovecos judiciales inicializados desde una denuncia, conciliación fiscal hasta un juicio, donde nos veremos la cara con alguien tan cercano como que saldremos de la sala de Audiencias por la misma ruta hacia nuestro hogar.

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