PINCELADAS / Siete de julio, Pinceladas de una vida

Artice
Ernesto Rivera (DUKE).

ERNESTO RIVERA (DUKE) [email protected]

Muy difícil que lo aceptara como amigo así porque sí. Segunda vez que a priori estuve a punto de rechazar a alguien sin una razón valedera. Claro que de inmediato me puse a la defensiva.

La idea de hacer amistad con un yanqui no estaba en mi cabeza, pero mi compadre no me hizo gran caso, estaba seguro de lo que vendría luego, una vez que lo oyera cantar y tocar guitarra.

Y así fue. En verdad no era un guitarrista común y corriente, había estudiado música con buenos maestros y era un destacado concertista, según me enteré luego.

Su educación y comportamiento no dejaban nada qué desear y no me explicaba cómo una persona de ese nivel pudiera venir a un campo de República Dominicana a sembrarse en el lodo hasta la cintura con los campesinos de la parte más oriental del país a sembrar arroz, poniendo en peligro su salud y su vida.

Rarezas norteamericanas. Y así fue como un buen día se me aparecieron de visita. Venían ambos, guitarra en mano, u se hizo la presentación formal. Yo todavía no del todo convencido. Pero qué caray.

Lo recibí con cortesía, por educación, más que por otra cosa, tampoco le mostré mucho entusiasmo. El, educado y fino como era en realidad, y muy inteligente, no se dio por enterado.

Parece que ya mi compadre lo había alertado y lo mismo que tú en el colegio, éste estaba dispuesto a lograr lo que se proponía a como diera lugar; claro sus maneras eran menos agresivas.

Así continuó visitándonos como amigo, ya sin la compañía de mi compadre Rossi. En Higüey, mayo es el mes de las más intensas lluvias y de la siembra. Pasaron los días y llegó mayo.

El asesoraba a los arroceros de Las Lagunas de Nisibón y los caminos eran intransitables, no solo por l reguío, sino por las inundaciones causadas por el agua caída en exceso.

Click en la portada para ver edición impresa Edición impresa, BávaroNews