Dominicanos en Venezuela

Pese a crisis, dominicanos residentes en Venezuela se resisten a salir

Verón-Punta Cana. República Dominicana y Venezuela son dos naciones que se han caracterizado por tener lazos históricos, inclusive desde los tiempos de la colonización, cuando se establecen importantes relaciones entre la Capitanía General del país suramericano y la isla Española, desde donde salían las grandes expediciones después del descubrimiento. Venezuela, desde su creación, ha sido tierra de acogida de inmigrantes de todas partes del mundo.

Su población está conformada por diferentes grupos étnicos y con una gigantesca cantidad de extranjeros latinoamericanos y europeos. La dominicana la población más numerosa procedente del Caribe insular, la que entre la década de los 70’ y 80’, vieron una oportunidad en aquel país próspero para trabajar y sacar adelante a sus familias.

Es en la década de los setenta, específicamente, cuando se vislumbra la reelección de Joaquin Balaguer, y donde surge un flujo de motivaciones económicas e incertidumbre política que forzaron el éxodo de cientos de dominicanos hacia Venezuela.

Muchos se establecieron en diferentes ciudades de esta nación, como la capital Caracas, Maracaibo, Valencia, Ciudad Bolívar, Cumaná e Isla de Margarita, espacios que les permitió desarrollarse y formar familias. Estos vínculos históricos, hoy en día, han hecho que los venezolanos miren hacía República Dominicana como una opción para rehacer su vida y huir de la profunda crisis política, económica y social que envuelve a la tierra de Simón Bolívar.

De hecho, de acuerdo a cifras de la Embajada de Venezuela en el país, alrededor de casi 30 mil de estos nacionales han llegado a esta media isla en condiciones migratorias irregulares.

Veridiana González nación en Ojo de Agua,
provincia Hermanas Mirabal, pero desde muy
joven se fue a Venezuela y aún permanece allá.

Los criollos que permanecen en la nación suramericana pasan de 25 mil, aproximadamente, según el Instituto de Dominicanos en el Exterior (Index), sobreviviendo a la crisis al igual que los propios ciudadanos venezolanos.

Sin embargo, muchos de ellos se resisten a salir de una tierra que, en su momento, les dio oportunidades. Esto no descarta que en los próximos meses o años puedan regresar a su tierra natal, en virtud de que cada vez más se agudizan los problemas en Venezuela.

TESTIMONIO

Veridiana González Contreras, nació en 1947 en la localidad de Ojo de Agua, provincia Hermanas Mirabal, a la que con sentimiento y orgullo describe como el mejor campo que tiene República Dominicana.

Sus estudios de primaria y secundaria los realizó entre esa zona y Salcedo, para luego iniciar en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), en la capital, ciudad donde también trabajaba, situación que la llevó a buscar oportunidades de beca en el exterior. En esa ocasión, González compitió con unos 29 estudiantes para ello, pero no lo logró, por ofertarse esas becas solo a alumnos de postgrado.

Más adelante, Venezuela ofreció becas y este país sí se la dio, obteniendo el segundo lugar en cuanto a calificaciones. El beneficio fue otorgado en 1967, por un monto de 70 bolívares, para la Universidad de Oriente (UDO), en la ciudad de Cumaná, al Este del país suramericano.

“No tenía mayor referencia de Venezuela, más allá de lo que geográficamente conocemos, pero gracias a Dios tuve la suerte que cuando llegué a la universidad la secretaria del entonces rector, Luís Manuel Peñalver, era una dominicana y había dos profesores y tres estudiantes, también dominicanos.

Esto me abrió las puertas y la bienvenida de todos los venezolanos, lo cual fue majestuoso para mí, ya que me sentí como en casa, a pesar de no tener ningún familiar”, relató González.

Luego que la UDO le reconociera su primer año de estudios en la UASD, al transcurrir cinco años logra graduarse de licenciada en Contaduría Pública y la propia casa de estudios, antes de obtener el título universitario, la contrató como auxiliar docente y después como profesor instructor, iniciando así su carrera docente.

Katia Santos es una dominicana en Venezuela,
que evalúa volver a su tierra en vista de las
dificultades económicas del país suramericano.

Esta dominicana siguió desarrollándose profesionalmente y realiza estudios de postgrado en la Universidad de Florida (USA) en Administración de Negocios y posterior doctorado en Ciencias Económicas y Empresariales, en la Universidad Autónoma de Barcelona, España. A su regreso a Venezuela, en 1984, después del doctorado, la universidad la requirió para participar en el área administrativa, y es cuando asume como directora de Presupuesto, por seis años. Luego pasó a ser coordinadora general de Administración por cuatro años.

Participó en las elecciones universitarias y resultó ganadora para ejercer el cargo de vicerrectora administrativa, y en 1998 se convierte en la primera mujer en ser rectora de la Universidad de Oriente. González se casó con un dominicano de Salcedo, a quien conoció durante sus estudios de bachillerato.

En 2016, la inseguridad ciudadana tocó las puertas de su familia. Su hijo Juan Bautista Bloise fue asesinado en la ciudad venezolana de Cumaná, durante un atraco a mano armada, viviendo allá el dolor más grande que puede sentir una madre.

Actualmente, su hija, María José Bloise, decidió salir de Venezuela y se radicó aquí, en República Dominicana, exactamente en Santiago de los Caballeros. La familia de Verdiana González vive en este país, y sus hermanas le ruegan que salga territorio venezolano.

“Me quiero quedar en Venezuela, a pesar de las dificultades en materia de limentación y medicinas. Voy a mi país en mayo, pero me regreso. Tengo a mis nietos, hijos de mi hijo; además, hago vida política y fui una de las fundadoras del partido Un Nuevo Tiempo, en Cumaná y el estado Sucre, y siento que tengo que continuar la lucha para salir de la dictadura que vive Venezuela”, manifestó González.

Katia Santos Cuello es otra de las dominicanas nacida en Santo Domingo, que vive en esa nación. Tiene 32 años residiendo allá, pero sus padres arribaron en 1978. Llegó con un hermano y vieron una oportunidad para rehacer su vida en un país que vivía uno de sus mejores momentos de desarrollo.

Santos se casó en Venezuela, con un ciudadano italo-venezolano, y tuvo dos hijas, una de ellas emigró a Panamá y la otra vive con ella en Cumaná. Cuenta que sus hermanos todos viven en República Dominicana, y precisamente hoy, jueves, llega al país con su hija Eva Luna, para permanecer un mes y medio y evaluar las oportunidades para quedarse. “Voy a explorar un poco y a ver cómo están las cosas.

Estoy todavía en Venezuela, porque tengo a mi hija, que estoy tratando de que se vaya conmigo, y en esta ocasión mi viaje es para evaluar. A ella le gusta la cocina y en Santo Domingo hay muy buenas universidades gastronómicas, y pues como tengo familia allí estoy tratando de asentarme”, manifestó.

Santos se crió en el Ensanche Osama y vivió durante parte de su juventud en la avenida Las Américas y en Los Prados. Su familia es de San Francisco Macorís y en los actuales momentos piensa reencontrarse con ella. Le cuesta despegarse un poco de Venezuela, ya que la mitad de su vida la desarrolló allá, donde hizo una familia y grandes amistades, pero también se siente contenta de volver a su país, del cual se siente orgullosa sobre todo de su gente, que describió como cariñosa y amable.

Venezuela
Además de Caracas y otras ciudades del centro y sur de Venezuela, los dominicanos se concentraron en Cumaná, donde establecieron sus familias, estudios y comercios.

Santos, en Venezuela, se dedica a ejercer como diseñadora de interiores, y de hecho parte de sus obras de artes las quiere promover en suelo dominicano y desea estudiar la factibilidad de esto.

“Mi mensaje es a los dominicanos en Venezuela, es que nos duele tanto este país que nos dolería dejarlo, por los apegos, amores, familia y la historia que hicimos en esta nación, pero si esto no tiene arreglo, todavía podemos volver y no descartar la idea de regresarnos a nuestro país”, sostuvo.

Lamentó toda la situación que se vive allá, en cuanto a la falta de alimentos, medicinas y artículos de higiene personal, además de los altos índices de inseguridad, que indudablemente afecta a propios y extranjeros que residen en suelo venezolano.

UNA CIUDAD QUE LOS RECIBIÓ

Además de la capital Caracas, la ciudad de Cumaná, en el oriente de Venezuela, fue un espacio de recepción de muchos dominicanos que llegaron en las décadas de los 70 y 80. Muchos de ellos, estudiaron, formaron familia y establecieron comercios en los que nunca dejaron de fomentar sus raíces patrias.

Es la localidad más antigua entre las que aún están en pie, de las ciudades fundadas en tierra firme del continente americano. Fue fundada en 1515, como fruto de la utopía de un puñado de frailes dominicos y franciscanos liderados por los frailes Pedro de Córdoba y Antonio de Montesinos que soñaban con una evangelización pacífica.

Todavía, pese a la crisis, en esta parte de Venezuela se mantienen muchos dominicanos, quienes se resisten a salir de la nación, aunque varias de sus generaciones evalúan una posibilidad de volver a la tierra de sus raíces, en vista de la insostenible situación.

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