uno de los mecanismos de comunicaLingüista española, Susana Guerrero Salazar.

Lenguaje inclusivo: ¿Hablamos o no hablamos bien?

Punta Cana. El español es la segunda lengua del mundo más hablada y su desarrollo, con el paso de los años le ha dado paso a instituciones como a la Real Academia Española, que constantemente observa la evolución del idioma español, para incrementar en este, palabras que le enriquezcan o necesariamente desestimar algunas que no son usadas adecuadamente.

De manera que, la importancia de aprender a hablar cobra sentido desde el momento en que se descubre como el vocabulario del idioma español altamente enriquecido, puede ser utilizado según el contexto y lo que se desea dar a interpretar una vez sean combinadas las palabras con que se manifieste una expresión hablada.

Partiendo de esto, se puede considerar que hablar es de las primeras experiencias, que cualquier ser humano indistintamente de su nación, potencia desde el momento en que su proceso de crecimiento se lo permite.

Por eso, el don del habla se puede asentar, como uno de los mecanismos de comunicación interpersonal más antiguos que, para aprender a hacerlo bien, se debe comprender al mundo actual, donde impera la necesidad de sobre todo velar por los derechos humanos.

En este contexto, la lingüista española, Susana Guerrero Salazar, explica que usar las palabras en un orden lógico y de manera adecuada, haciendo uso correcto de las normas, la ortografía y la gramática que componen a este idioma, es de suma importancia para hablar desde un lenguaje inclusivo, que no incremente la proyección sexista ni agrave la construcción estereotipada del género femenino que reduce el rol de la mujer a actividades propias de su feminidad.

Es decir que, con el paso del tiempo, se ha descubierto como dependiendo de las palabras que se usen, se puede llegar a sesgar informativa, social y educativamente, el rol de la mujer que hoy en día se proyecta desde diferentes esferas como el ámbito político, religioso, económico, familiar y otros.

Y es que, por ejemplo, no es lo mismo decir “cada uno” que, “cada cual”; o “los demás” que, “el resto de la gente”; así como “ciudadanos” que, “ciudadanía”, porque se ha determinado que, las expresiones en donde de manera generalizada se intenta incluir tanto al género masculino y femenino, en realidad, no contribuye a un lenguaje inclusivo.

Es decir que, las frases citadas anteriormente en primer lugar, hacen alusión generalizada más que nada desde el género masculino y no desde la inclusión de ambos géneros como se pretende.

Por eso, optar por el uso de palabras como: clientela, dirección, personal médico, por citar otros ejemplos, es mejor que decir “los clientes”; “los directores”; y “los médicos” respectivamente, ya que, por la falta de precisión en denotar la presencia de las mujeres en dichos grupos, estas expresiones pueden convertirse más que nada en un lenguaje sesgado que no permite incluir gramaticalmente la presencia misma de la mujer como tal ni por su posible función.

Nancy González /[email protected]

Síguenos en Instagram