El Bloque Opositor quiso aglutinar fuerzas políticas en torno a objetivos comunes, pero falló en el intento.

La oposición sigue sin fuerza, dividida y sus números no alcanzan para destronar al PLD

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PUNTA CANA. La incapacidad de las fuerzas políticas opositoras para formar un frente lo suficientemente contundente, y de ponerse de acuerdo en cómo marcar diferencia frente a ofertas electorales tradicionales, siguen siendo la piedra en el zapato para los partidos y sectores que aspiran a ver fuera del poder al gobernante Partido de la Liberación Dominicana (PLD).

Negarlo es nadar contra corriente: el partido fundado por Juan Bosch, luego de durar décadas luchando sin éxito para conducir los destinos del Estado, a partir del 1996 se convirtió en una organización invencible dentro del espectro político-electoral. Es una verdad que duele a no pocos detractores del oficialismo.

Con excepción del período 2000- 2004, cuando el Partido Revolucionario Dominicano (PRD) rompió la racha de 14 años seguidos fuera del Palacio Nacional, el PLD ha comido con su dama, sin contendientes poderosos para destronarlo. Y esa fuerza imbatible se evidencia no sólo en haber ganado los cuatro últimos certámenes electorales, sino en la diferencia abismal de votos obtenidos frente a los demás partidos participantes.

¿La razón de esos triunfos arrolladores? La pregunta sugiere múltiples respuestas, y cada una de ellas según el cristal con que se mire.

He aquí una de las más socorridas. El PLD ha sabido capitalizar sus casi 20 años contiguos en el poder, ampliando y fortaleciendo políticas focalizadas en sectores sensibles de la población, lo que evidentemente genera simpatías no siempre ligadas a preferencias político-partidarias, y mucho menos ideológicas.

Por ejemplo, aumentar sustancialmente los beneficiarios directos en el régimen subsidiado del Seguro Nacional de Salud (Senasa), que cerró el pasado año con 3 millones 530 mil 980 afiliados, casi el 50% del total de afiliados a la Seguridad Social. Las estadísticas públicas dicen más al respecto.

La Administradora de Subsidios Sociales (Adess) reportó que de 831,811 personas que en 2012 recibían subvención estatal, en 2016 esa cantidad creció a 983,227, para un incremento de 18.2%. La erogación económica para este renglón también aumentó en ese cuatrienio, al pasar de RD$11,113.3 millones en subsidios en 2012, a RD$14,602.7 millones, en 2016, para un aumento de 31.4%.

Fue ese el período gubernamental en el que Danilo Medina se estrenó como presidente y donde aumentó significativamente la ayuda a la población menos pudiente del país, y también el más vulnerable a ser presa fácil del clientelismo y populismo político.

La “generosidad” del Gobierno con los desposeídos de República Dominicana tuvo su gran compensación al final de esos cuatro años, porque en el 2016 Danilo ganó con una votación histórica y sin precedentes, de 2 millones 847 mil 414 sufragios, equivalentes a un 61.74% del universo electoral de entonces.

Las alianzas

Otro factor clave para las victorias categóricas del PLD ha sido su habilidad para generar apoyo de fuerzas políticas de menor membresía, pero que con sus aportes revalidan aquello de que “a grano a grano llena la gallina el buche”.

Efectivamente, su primera victoria electoral tras el golpe de Estado a Juan Bosch (en septiembre del 1963) fue en el 1996, con el respaldo del Partido Reformista Social Cristiano (PRSC) y el memorable “Frente Patriótico”. Y ya luego de aquel pacto, el PLD entendió muy bien el carácter imprescindible de los acuerdos electorales. De esa forma, la combinación programas sociales y alianzas partidarias han devenido un trago amargo para una oposición que se deshace en críticas y denuncias mediáticas, que poco o nada han incidido para revertir los resultados de cada jornada comicial.

En las elecciones del 2004, el PLD fue aliado con seis de los llamados partidos emergentes, que le aportaron unos bien caídos 8.09%. Este empujón no solamente permitió que el partido morado rebasara el exigido 50 más 1 para ganar en primera vuelta, ya que sin alianzas obtuvo el 49.02%, sino que instauró el segundo porcentaje más alto en la historia electoral del país. Así fue.

En esas elecciones, el PLD con Leonel Fernández como candidato presidencial alcanzó el 57.11%, hasta la fecha solo superado por el 61.74% de Danilo en el 2016. En el 2008, Leonel logró la reelección presidencial con 2,199,734 votos, para un 53.83 por ciento de los sufragios emitidos.

En aquellas votaciones, el PLD fue aliado a once partidos pequeños que le sumaron 8.89 puntos al 44.94% que le contaron al PLD sin alianzas. Para esas elecciones, el PRD y su candidato Miguel Vargas tuvieron una puntuación de 38.57 por ciento, sin alianzas, lo que representó una diferencia de 6.37 por ciento frente al PLD. En el 2012, los aliados volvieron a ser motor de empuje del triunfo peledeista.

Esa vez, con Hipólito en la boleta electoral blanca, el PRD conquistó el 46.95% y el PLD 51.21%, con alianzas incluidas. Pero contrario a lo ocurrido en el 2008, esa vez el PRD superó al PLD en el conteo sin alianzas, al obtener el 42.13% ante el 37.70% de los morados.

Lo anterior significa que el PLD consiguió de sus aliados 13.51 puntos porcentuales, que fueron determinantes para sellar esa victoria electoral.

Para el 2016, el PLD logró la mayor cantidad de alianzas jamás registrada en la historia política de República Dominicana, con 14 partidos que le aportaron 11.52 por ciento al segundo periodo consecutivo de Danilo Medina. En aquel certamen, el PLD obtuvo su mayor porcentaje sin alianzas, un 50.22 por ciento, comparado con los anteriores comicios.

El Partido Revolucionario Moderno (PRM), principal competencia política del PLD, en esa contienda obtuvo el apoyo del 34.98% del electorado. Los aliados perremeistas fueron cuatro, y aunque le aportaron 8.16 puntos eran comparables con la cantidad de partidos que apoyaron al PLD en esa coyuntura electoral.

Esto, aunado al alto porcentaje que por sí solo obtuvo Danilo, al gozar de una popularidad que rozaba el 70 por ciento.

Sin acuerdos

Uno de los principales escollos que ha tenido la posibilidad de formar un frente con condiciones para competir con el PLD en las últimas tres décadas, ha sido la postura radical de dirigentes políticos sobre las líneas generales que ha de caracterizar una coalición con este propósito.

Guillermo Moreno, presidente del partido Alianza País, es uno de los más activos opositores que ha defendido la tesis de que para sacar del poder al PLD es necesario la formación de un acuerdo multipartidario, con la fuerza y cohesión idónea para derrotar al partido morado en una contienda electoral. Sin embargo, la oposición que plantea Moreno exige ciertas condiciones que en la práctica reflejan lo contrario de lo que él considera debería ser. “Para hacer la oposición política que demanda hoy la coyuntura, no puede haber transacción, componendas o acuerdos por debajo de la mesa con las élites y corruptos responsables y beneficiarios del actual estado de cosas”.

Esto lo dijo Moreno en uno de varios análisis dedicados a su propuesta de conformar un frente opositor robusto con miras a los comicios del 2020. Pero en las discusiones e intensos cabildeos para aprobar la Ley de Partidos y Agrupaciones Políticas, el presidente de Alianza País quedó más decepcionado aún de sus pretensiones.

La razón de esta desilusión tuvo que ver con el apoyo soterrado, y luego abierto, que dieron dos partidos miembros del Bloque Opositor, conformado por 11 partidos, a la línea trazada por el danilismo respecto a cómo deberían ser las primarias para elegir los candidatos a cargos electivos.

Los afiliados a la tendencia que lidera el presidente Danilo Medina en el PLD apuestan a primarias abiertas (con el padrón de la Junta Central Electoral), porque entienden que de esa forma sus candidatos sacarían grandes ventajas a la popularidad que tiene hacia afuera el primer mandatario.

El Bloque Opositor se resistía a las primarias abiertas, y acusó a los partidos Reformista Social Cristiano (PRSC) y Revolucionario Moderno (PRM) de mandar a sus legisladores a que apoyaran una legislación que ven como un traje a la medida de las aspiraciones danilistas.

La Ley de Partidos y Agrupaciones Políticas fue aprobada la noche del pasado siete de agosto, pero de hecho, un mes antes, en julio, el PRM había decidido alejarse del Bloque Opositor. Hizo tienda aparte con una postura: que cada partido debía decidir el método de elección interna de sus candidatos y que ese proceso sea supervisado por la JCE.

De esta forma, lo que parecía un proyecto de alcance futurista tuvo un doloroso revés que desvaneció de un tajo las esperanzas que generó esa alianza. Además del PRM y el PRSC, el Bloque Opositor lo conformaban el Partido Revolucionario Social Demócrata, Alianza País, Dominicanos por el Cambio, Alianza por la Democracia, Partido Humanista Dominicano, Frente Amplio, Fuerza Nacional Progresista, Opción Democrática y el Partido Social Cristiano (PSC).

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