Incrementan de 66 a 84 los casos de delitos sexuales denunciados en Verón-Punta Cana

Verón. – Las denuncias de delitos sexuales que llegan a la Unidad de Atención a Víctimas de Verón-Punta Cana han aumentado en los últimos nueve meses, en comparación con el año pasado.
De enero a septiembre del 2018 se recibieron 66 denuncias en esta dependencia. Y de enero a septiembre de 2019 se atendieron 84 casos. El aumento ha sido de unas 18 denuncias más.

Según datos estadísticos suministrados por esta unidad, de los 84 casos de delitos sexuales que van en este año, 20 corresponden a agresiones; 25 a violaciones sexuales; 12 a acosos; 13 a seducción; y 6 a incestos. Este aumento en los delitos sexuales no solo se ha dado en Verón-Punta Cana, lo mismo ha ocurrido en el resto del país. Los medios de comunicación se han llenado de noticias sobre condenas de 5, 10, 15 y 20 años a acusados de violaciones sexuales.

En el mes de octubre de este año fueron condenados a 15 y 20 años de prisión tres hombres en El Seibo, por abusar sexualmente de menores. La primera de esas condenas fue la de 20 años, impuesta en contra de un abuelo paterno que fue hallado culpable de abusar sexualmente de su nieta de tres años de edad.

Las otras dos condenas fueron las de 15 años de prisión a dos hombres acusados de abuso sexual, vecinos de sus dos víctimas de 11 y 12 años de edad.

Meses atrás el Ministerio Público informó que obtuvo una sentencia condenatoria contra un nacional haitiano, el cual fue sentenciado a 10 años de prisión y al pago de una indemnización de RD$100,000.00 por haber cometido abuso sexual en contra de una hijastra de cinco años de edad.

También en Hato Mayor el Ministerio Público informó que fue condenado Alberto Caraballo López, alias Cocolo, sentenciado a 10 años de prisión tras ser hallado culpable de abusar sexualmente de una adolescente de 16 años de edad. También fue condenado a esa misma cantidad de años el padrastro de una menor de once años, su nombre no fue revelado.

Noticias como esas se han dado a conocer en varias ocasiones durante este año. Las cifras de abusos sexuales van en aumento y el Estado no cuenta con un programa específico que trate a esas víctimas.

Falta de programas

Emilio Jiménez, psicólogo que trabaja en la Unidad de Atención a Víctimas de Verón-Punta Cana.

El psicólogo Emilio Jiménez, quien trabaja en la Unidad de Atención a Victimas de Verón-Punta Cana, dijo que en el Gobierno no hay mecanismos o programas que trabajen con las victimas a nivel psicológico para corregir las secuelas de los delitos sexuales.

La encargada del Ministerio de la Mujer en La Altagracia, Janet Soler, explica que los casos de víctimas de violencia sexual son tratados de forma similar a los de víctimas de violencia de género.

Soler señala que no es que exista un programa para esas víctimas, sino que “eso no tiene un nombre porque se les da el mismo trato que se les da a todas las víctimas. Eso es una violación a sus derechos”.

La encargada del Ministerio de la Mujer en La Altagracia refirió que se lanzó un programa que se llama “Ojo pelao” que busca prevenir la trata de personas.
Soler señaló que con las víctimas de delitos sexuales lo primero que se hace es cumplir con un protocolo que implica llevarles a un hospital a ponerles una serie de inyecciones retroactivas por si ha adquirido algún tipo de enfermedad de transmisión sexual.

Indicó que después se procede con la denuncia, si se necesita llevar a una casa de acogida también se hace y se le trata psicológicamente. Cuando se trata de menores de edad entonces quien debe intervenir es el Consejo Nacional de Niñas, Niños y Adolescentes (Conani).

La encargada del Ministerio de la Mujer en La Altagracia especificó que los casos de delitos sexuales se dan con mucha regularidad. Aunque no ofreció estadísticas precisó que hay muchas violaciones y que desde este Distrito Verón-Punta Cana también les llegan con frecuencia este tipo de casos.

Consecuencias

Los delitos sexuales dejan secuelas en las victimas. Estas deben ser tratadas de diversas formas para que quien sufrió este abuso pueda reponerse del mismo.

Janet Soler, encargada del Ministerio de la Mujer en La Altagracia.

El psicólogo Emilio Jiménez señaló que no todas las personas reaccionan de la misma manera frente a la experiencia de victimización, ni todas las experiencias comparten las mismas características.

Destacó que el impacto emocional de una agresión sexual está modulado por cuatro variables: el perfil individual de la víctima (estabilidad psicológica, edad, sexo y contexto familiar); las características del acto abusivo (frecuencia, severidad, existencia de violencia o de amenazas, cronicidad, etc.); la relación existente con el abusador; y, por último, las consecuencias asociadas al descubrimiento del abuso.

Un gran porcentaje de los casos que se dan a conocer son referentes al incesto, que es el que se da cuando la víctima del delito sexual y el agresor están emparentados. El psicólogo manifestó que respecto a la relación de la víctima con el agresor, lo que importa no es tanto el grado de parentesco entre ambos, sino el nivel de intimidad emocional existente.

Refirió que “a mayor grado de intimidad, mayor será el impacto psicológico, que se puede agravar si la víctima no recibe apoyo de la familia o se ve obligada a abandonar el hogar. Por otro lado, en lo que se refiere a la edad del agresor, los abusos sexuales cometidos por adolescentes resultan, en general, menos traumatizantes para las víctimas que los efectuados por adultos”.

Jiménez indicó que al menos un 80% de las víctimas sufren consecuencias psicológicas negativas. Dijo que el alcance del impacto psicológico va a depender del grado de culpabilidad del niño por parte de los padres, así como de las estrategias de afrontamiento de que disponga la víctima.

Comentó que, en general, las niñas tienden a presentar reacciones ansioso-depresivas; los niños, fracaso escolar y dificultades inespecíficas de socialización, así como comportamientos sexuales agresivos.

Jiménez también precisó que los efectos a largo plazo son menos frecuentes y más difusos que las secuelas iniciales, pero pueden afectar, al menos, al 30% de las víctimas.

Los problemas más habituales son las alteraciones en la esfera sexual como disfunciones sexuales y menor capacidad de disfrute, especialmente. Otras consecuencias son la depresión y el trastorno de estrés postraumático, así como un control inadecuado de la ira (en el caso de los varones, volcado al exterior en forma de violencia; en el de las mujeres, canalizado en forma de conductas autodestructivas).

El psicólogo recomendó que para tratar a estas víctimas de delitos sexuales se tiene la necesidad de un trabajo combinado, para estas personas se hace aún más evidente cuando son diagnosticadas con Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT).

Dijo que el TEPT requiere de tratamientos de alta calidad para ser afrontado, pues la complejidad de sus manifestaciones y la gravedad de su impacto generan fuertes alteraciones en la salud mental de las personas.

“Se recomienda la combinación de técnicas como la relajación para reducir el nivel de estrés psicofisiológico, la reestructuración cognitiva, la psicoterapia psicodinámica, el uso de psicofármacos, la hipnosis, entre otras”, manifestó Jiménez.

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