Hospital Teófilo Hernández de El Seibo registró 240 partos de adolescentes en 2019

El Seibo. – Los esfuerzos por reducir las tasas de embarazos en adolescentes en la región Este del país como política de Estado, han sido exiguos hasta el momento. Según un informe de la División de Población Naciones Unidas, América Latina tiene la segunda mayor tasa de embarazo adolescente del mundo, solo superada por África subsahariana.

El país lleva la delantera en la región, ocupando el primer lugar con 100,6 nacimientos por cada mil menores.

La región Este no está exenta de esta realidad, siendo San Pedro de Macorís y La Altagracia las provincias que mayor número de adolescentes embarazadas registra. En el Seibo, de acuerdo a informaciones del departamento de calidad del hospital provincial Dr. Teófilo Hernández, un total de 240 adolescentes dieron a luz en 2019, con edades comprendidas entre los 15 a 19 años, en una clasificación general que incluye zona urbana y rural.

Aunque con una tasa representativa más baja que los partos de mujeres adultas, no deja de ser preocupante que por cada 25 consultas 8 se encuentren en etapa de la pubertad.

Para la encargada del Departamento de Calidad del referido centro, Ana Mercedes, esta problemática social solo sería controlable a nivel país, mediante charlas y conversatorios en las comunidades, donde se promueva la reflexión y el uso de métodos de planificación al momento de iniciarse en una vida sexual, para un mayor acceso a una educación sexual integral y a servicios de prevención y anticoncepción en el tiempo adecuado.

Mercedes explica que desde el centro, se ofrecen charlas en entornos escolares y en algunas comunidades, así como también servicios de intervención psicológica a aquellas adolescentes que han quedado embarazadas para ayudarlas en el proceso de adaptación a su rol de madres, de forma que las mismas logren postergar un próximo embarazo.

“Lo que hacemos es trabajar la prevención y tratar a las que pasan por un proceso de gestación, de modo que puedan asumir de la mejor manera su nuevo rol como mamás. De la misma condición tratamos de que retrasen un nuevo embarazo en lo inmediato, todo esto mediante consultas psicológicas, conforme al proyecto de vida que deben replantearse”, señala Mercedes.

Hospital provincial Dr. Teófilo Hernández

Embarazos de altos riesgos

“Son muchos los riesgos que presenta una adolescente cuando se embaraza, donde también existen riesgos mayores para el feto”, así lo indica la ginecóloga Inda Ubiera, quien afirma además, que las principales afecciones van desde abortos, hipertensión gestacional, un parto prematuro y, en el bebé, desnutrición, muerte perinatal, parto prematuro, riesgo de sufrir accidentes, enfermedades, o tener una alimentación inadecuada debido a falta de cuidados maternos. Todo esto asociado con un mayor índice de morbilidad y mortalidad, tanto para la madre como para el bebé.

La galeno advierte que además de estos problemas médicos, intervienen dificultades sociales que involucran una deficiente comunicación con los padres y que las consecuencias se reflejan en la sociedad indirectamente. Asimismo, indica que el desconocimiento sobre los métodos de planificación impera en la mayoría de las adolescentes que terminan en un embarazo.

Destaca también que una medida poco efectiva es promover la abstinencia sexual y que la forma de reducir estos indicadores es orientando no solo a las adolescentes, sino también a los padres como entes principales del núcleo familiar.

“Es un involucramiento de todos, aunque hay tantos padres ocupados, pero es indispensable orientar tanto a padres como a hijos. Hablarles de planificación y lo que implica un embarazo precoz. Sus consecuencias inmediatas y a largo plazo”, advierte Ubiera.

Un flagelo multicausal

En 2019 el hospital provincial Dr. Teófilo Hernández, registró un total de 240 partos en adolescentes de entre 15 y 19 años de edad.

Expertos en procesos mentales y sociológicos coinciden en que el embarazo adolescente tiene factores diversos que intervienen y dan lugar a que no haya una disminución efectiva. De aquí se desprende una connotación cultural que, según el sociólogo Wilson Castillo, implica “la liberación que han interiorizado los jóvenes y desaparición de la rígida moral sexual tradicional pues, hoy los jóvenes están más dispuestos a experimentar con su sexualidad, aumentando los encuentros sexuales y por ende, los embarazos no deseados”.

Castillo puntualiza que esta nueva moral sexual, se enfrenta al hecho de la baja educación sexual de los jóvenes, que no poseen las herramientas ni los conocimientos para protegerse y que otra causal es una adolescente de escasos recursos que desee salir de la casa de sus progenitores, el embarazo representaría cierta garantía económica.

Para la experta en conducta Keila Álvarez, en esta preocupante situación se dan factores que suelen ser afectivos, personales, sociales, entre otros, como la carente educación y la baja escolaridad. Sumado a problemas de autoestima y presión de grupos en los que se manejan las adolescentes y primordialmente la falta de educación sexual adecuada.

“Nuestras niñas no están siendo educadas en valores personales. Sin esos valores que pasan de generación en generación y sin educación, es difícil que se tenga una educación sexual adecuada y oportuna, señala la experta.

Álvarez asevera que “se han tergiversado los conceptos, se habla de derechos sexuales que implican tener la libertad de hacer lo que sea, sin intromisión de los padres. Otra cosa es la influencia de las redes sociales, una persona en un círculo social que alardea de su vida sexual con alguien que le suple lo que necesita, influencia a otras niñas para que proceda a lo mismo”.

Bajo esta alerta, ambos especialistas coinciden en que las familias y la sociedad se afectan en sentido general, como un estigma de vergüenza y de amplitud de gastos económicos, además, de afectar a una estirpe que se formará por accidente.

“Llega un niño que posiblemente se integrará a un ámbito familiar disfuncional, en un maltrato afectivo, donde habrá obstáculos para la formación escolar y laboral, las desventajas en las perspectivas de vida de los progenitores condenadas, muchas veces, a una vida precaria por dependencia económica del hombre, a criar solas un infante generando notables grados de pobreza”, concluye Álvarez.

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