Hija de 12 años de Anibel González: “Fue mi culpa, yo le abrí la puerta a mi papá”

San Pedro de Macorís.- ¿Dónde está mi mamá? ¿Cuándo viene mami? ¿Por qué no viene a buscarnos? son algunas de las interrogantes que hacen dos de las tres hijas menores de Anibel González Ureña a sus abuelos, Félix y Mercedes, tras sentir la ausencia de su madre, quien la noche del viernes 30 de agosto fue mortalmente baleada por su ex esposo, Yasmil Oscar Fernández.

Las dos niñas más pequeñas del convulso matrimonio, de 8 y 3 años de edad respectivamente, realizan todo tipo de preguntas, que por el momento y ante la difícil situación que vive esa familia permanecen sin respuestas.

Sin embargo, la de 12 años no expresa ninguna duda, pero en cambio se cuestiona, y se culpa en voz alta por la muerte de su progenitora. “Fue mi culpa; yo le abrí la puerta a mi papá”, repite a cada instante la niña, según cuentan sus parientes a este medio.

El sentimiento de culpa que perturba a esta niña, es porque aquella fatídica noche en que su padre disparó contra su mami, fue ella quien le abrió la puerta de la casa donde vivía Anibel.

Apartamento donde residía la víctima con sus hijas, las escaleras mantienen vigentes las huellas de la tragedia.

En ese momento, en la residencia solamente estaban ella y su malograda madre. Luego de disparar a su ex esposa, Fernández entró al baño y se pegó un tiro en la cabeza. Todo esto lo vivió la mayor del matrimonio que terminó como muchos se temían y habían anticipado, en una gran desgracia.

El señor Félix González, padre de Anibel, cuenta que tras la tragedia dejó de trabajar para asumir la tutoría de sus nietas. “Mi hija era una joven muy inteligente; agradable, dulce, y sobre todo humilde. Podía estar en el nivel que estuviera, y siempre buscaba su gente. Se trató de superar como profesional en todo momento, y sus planes a corto plazo era irse a vivir fuera del país con sus hijas”, comenta González.

Su hija Anibel era abogada y ofrecía servicios de asesoría de manera independiente en asuntos de migración, razón por la que se mantenía viajando constantemente a Santo Domingo, ciudad que utilizó como refugio tras el primer ataque a puñaladas por parte de su matador, en el 2017.

Sin embargo, nunca imaginó que a menos de un mes de haberse establecido en un apartamento en el barrio Los Maestros de San Pedro de Macorís, Yasmil Fernández Estévez, padre de sus hijas, volvería a intentar quitarle la vida, esta vez, logrando conseguir su cometido.

En las escaleras de dicho apartamento se observan aún las huellas de la desventura que dañó la vida de Anibel. Esto así, porque con varios impactos de bala en su cuerpo, la joven mujer se dispuso a bajar, desangrándose, del segundo nivel del edificio de apartamentos donde vivía con sus hijas. Con la menor de ellas en brazos, dejando atrás a su verdugo, bajó corriendo y dejando gotas de sangre en todo el entorno.

Las hijas de aquel matrimonio, que hoy son huérfanas a raíz de este feminicidio-suicidio, estuvieron presentes por segunda ocasión en este acto de ensañamiento mortal de su padre en contra de su madre.

Programa de apoyo

Directora provincia del Ministerio de la Mujer de esta ciudad, Miriam Rommieu.

La familia González asegura que no han recibido asistencia ni ningún tipo de acercamiento de algún representante de instituciones como el Consejo Nacional de la Niñez y Adolescencia (Conani), que se encarga de velar por los derechos fundamentales de los niños y niñas.

“Hasta el momento no hemos recibido asistencia del Conani. Yo, por mi cuenta, estoy redactando un documento de la mano del Ministerio de la Mujer por esta provincia, que será enviado a la Vicepresidencia de la República, para que nos ayuden con la educación de las niñas” sostuvo Félix González.

Indicó que las menores no han recibido orientación psicológica, porque ellos como familia están esperando a que pase el duelo, y conforme pase el tiempo procederán a llevarlas a un psicólogo infantil para que los ayude a manejar el difícil trance que viven las menores.

La ayuda a la que hace referencia el padre de Anibel podría llegar de Progresando con Solidaridad (Prosoli), institución que dirige la vicepresidenta de la República, Margarita Cedeño de Fernández, que en otras asistencias también brinda educación, condición física, mental y estabilidad económica a los niños huérfanos por causa de feminicidios.

Miriam Rommieu, directora provincial del Ministerio de la Mujer en esta ciudad, organismo que trabaja de manera mancomunada con Prosoli, sostuvo que desde el 2012 unos 12 niños huérfanos de esta localidad están dentro de ese programa, y 73 a nivel regional.

En el caso específico de las hijas de Anibel, ese Ministerio realizó un levantamiento sobre su escolaridad, edades, si padecen alguna enfermedad, como es el caso de la menor de tres años, que es diabética dependiente de insulina, y otros elementos a los que le darán seguimiento una vez estén dentro de dicho programa de ayuda estatal.

Casa materna de Anibel y donde hoy residen sus hijas.

Por otro lado, Rommieu alegó que estuvo pendiente al caso de la joven abogada desde el 2017, razón por la que elaboró un documento solicitando al magistrado Francisco Domínguez Guerrero, juez de la ejecución de la pena en esta ciudad, que tomara en cuenta el peligro que corría Anibel, si el empresario salía de la cárcel, como desafortunadamente ocurrió.

Dijo que en aquel momento Domínguez Guerrero le prometió estudiar el caso, y sin embargo, a los tres días de esa conversación, Yasmil Fernández fue puesto en libertad, hecho que trajo como consecuencia la muerte de ambos.

Félix González, padre de la difunta Anibel y tutor de sus tres nietas.

El asesinato de Anibel González es el primer feminicidio en la provincia de San Pedro de Macorís en lo que va de año, y se convierte en el número 37 en todo el país, en los primeros nueve meses del 2019.

Desprotegidos

La psicóloga Cristina Mota, sostiene que en la mayoría de los casos de huérfanos por feminicidios, estos menores reciben muy poca atención psicológica y protección de organismos del Estado.

“Una prueba fehaciente de que estos menores en orfandad son invisibles para las políticas de protección a niños, niñas y adolescentes, es que no existen datos concretos de cuántos son ni de dónde y en qué condiciones se encuentran”, indicó Mota.

Por otro lado, señala que la sociedad tiene una gran carga de responsabilidad de la violencia hacia las mujeres, al ser indiferentes ante acciones que afectan su integridad física y emocional. O por la manera en que “algunos hombres” fueron educados por sus familias, haciéndoles pensar que son los únicos protectores y dadores de sustentación económica.

“Los feminicidas son producto del sistema, de la sociedad que los cría haciéndolos pensar que deben ser protectores, cuidadores, dadores únicos en la familia. Hay otros que son educados como verdaderos hombres, pero otros son criados como machos, que son personas que quieren poseer un objeto para no sentir sus vacíos personales”, afirma Mota.

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