Espacio jurídico: Oro y vida cristiana

Espacio jurídico: Oro y vida cristiana

Carmen M. Baltazar | [email protected]

Dice un refrán popular que: “No todo lo que brilla es oro”. El enfoque de este tema tiene una connotación espiritual y otra material.

En cuanto a lo material, sabemos que es un metal precioso, cuyo color estandarizado es el dorado y un valor de mucha importancia. En este punto de vista, radica el rol que ha jugado como sustentador de monedas desde la antigüedad. Otro hecho de importancia que destaca el valor material del oro, es el de llamarle al petróleo el oro negro. Hablar de petróleo es hablar de valores en la economía mundial, por lo que se podría decir, que el mismo no brilla, pero es oro.

El otro punto que nos interesa resaltar en este momento, es el acontecimiento que ocurrió a raíz del nacimiento del niño Jesús, cuando los Reyes Magos de oriente fueron a adorarle y le llevaron oro, incienso y mirra, que si lo enfocamos solo desde el punto de vista de lo literal, nos resulta una reseña de valor material, pero sabemos que su connotación no es esa.

A partir de éste acontecimiento, empezamos a valorar la amplia y prolongada vía que nos permite transitar libremente hacia el análisis que más nos importe de su existencia en nuestra cotidianidad, en virtud de la tasita de oro que representa para nosotros los cristianos, el hijo del creador del universo, nuestro Redentor y Salvador Jesucristo.

Es probable que guarde alguna relación con todo esto el gran uso que se le dado al metal precioso, que va desde el enchapado o revestimiento de objetos propios de las liturgias católicas, como de las grandes esculturas de los templos más antiguos en distintas partes del mundo cristiano.

A través del tiempo, las sociedades religiosas han adoptado formas de manifestaciones de expresiones de rendir culto a algo de acuerdo a sus creencias, que en la actualidad tienen un valor histórico-religioso que marca a millones de seres humanos, partidarios de éstas prácticas.

De ésta parte de creyentes, sabemos que aun existiendo en condiciones de extrema pobreza, una gran parte de los millones de seres humanos, han sido marcados por dicha tradición y se mantienen firmes en ésta posición.

Hacemos alusión a la expresión “extrema pobreza”, para resaltar la gran paradoja, ya que al referirnos a ella, simultáneamente nos hemos referido al extraordinario tesoro que sustenta la tradición a la que hemos hecho referencia.

En la cotidianidad, cuando queremos resaltar lo máximo, la excelencia, lo supremo, decimos que es para nosotros como una tasita de oro, pero cuando lo aplicamos a Jesucristo, es lógico entender que lo hacemos describiendo valores espirituales, porque estamos completamente conscientes de que Jesucristo vivió en su paso por la tierra de espalda al valor material de éste metal precioso, a las riquezas que representa y, en sentido general, a todo tipo de riquezas que se burla de la miseria y la vida infrahumana que han llevado y llevan millones de seres humanos en el mundo.

Si pudiéramos hacer un inventario en todo el mundo, de las riquezas en oro o de cualquier otro material, con que se decoran construcciones antiguas y modernas, así como de todos los objetos como prendas, estatuillas y grandes esculturas que se exhiben en impresionantes museos, y se montara una gran subasta, a la que asistieran todos los ricos que fueran tocados por un llamado Divino.

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