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Enmiendas del hombre: Sin desesperarnos

Ángel Leonardo Rojas Peralta.

Sin desesperarnos

Ángel Leonardo rojas peralta /  [email protected]

Con cada situación cotidiana que se presenta, sentimos que se crea a nuestro alrededor un magnetismo hacia las tragedias. Resulta insólito cómo se desencadenan hechos que unos tras otros nos van complicando más y más, como una especie de conspiración cósmica que nos va aplastando y arrinconando. En ciertas ocasiones, terminan arrastrándonos a una desdicha que parece no tener fin y las soluciones se alejan, todo de mal en peor.

Como hombre común, me he visto arropado por la incertidumbre, de hecho, he llegado a pensar que una maldición me persigue, pues una estampida de sucesos desfavorables me han colmado, quitándome la tranquilidad, agobiado por el insomnio, apartado hasta de las personas con las que quizás he contado para brindarme apoyo. En esas épocas de infortunios, me he sentido traicionado, con ánimo irritable, totalmente a la defensiva, desesperado.

Muy pobres y frustrantes son los días en los que nos domina la desesperación, pues es lógico que tal actitud nos desconcentra y perdemos la perspectiva real de los asuntos. La paranoia nos impide reconocer hasta nuestros aliados y terminamos pensando que no existen soluciones, nos sentimos totalmente anulados y desgraciados.

Con suerte, alguno podría erigirse con capacidades excepcionales para no dejarse atormentar cuando todo va mal, con suficiente inteligencia emocional para no ser afectado mentalmente y mantener intacta su capacidad de razonamiento y acción. En mí, tan común como la mayoría, simple y a veces emocionalmente desprotegido, resultaba atroz manejar mi vida frente a infortunios en serie.

Pero tras descubrir en el Señor un refugio, ayudado por una fortaleza sin igual que solo brinda la fe, he descubierto que la desesperación es el sentimiento más ridículo que podemos albergar en tiempos adversos. No tengo palabras cómo expresar la forma en que funciona, mucho menos alguna lógica científica que respalde mis afirmaciones, pero puedo asegurar, ya que lo he experimentado exponencialmente, que en la confianza en Dios radica el secreto para no ser anulados en las crisis.

He podido sentir los inconvenientes como la normalidad del ser dentro del ciclo existencial, que así como surgen las contradicciones se generan las soluciones o la aceptación de lo ineludible, que una compañía suprema me abraza y conforta mi espera en los procesos de convalecencia emocional y física. Una luz me lleva a un estado consciente que me hace recuperar la calma, sin desesperación, seguro que todo obra para bien y seguir feliz.

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