ENMIENDAS DEL HOMBRE / Las cargas del justo

ENMIENDAS DEL HOMBRE / Las cargas del justo

Artice
Ángel Leonardo Rojas Peralta.

Ángel Leonardo Rojas Peralta /
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Tantos son los que permanecen levantando voz de alerta ante las injusticias y las acciones antisociales, los que exigen decencia y correcciones, pero de esos mismos, ¿cuántos son capaces de tomar acciones para contribuir a la realidad precisa de lo correcto? Llegó a conclusiones más radicales al preguntarme, ¿cuántos soportarían las presiones de lo moralmente correcto, soportarían la verdad aquellos que demandan sinceridad?
Pero también, cuantas son las cargas de los justos que ejemplarizan con sus acciones lo bien hecho, aún estos reciben tantas críticas y rechazos, considerados que nadan contra la corriente. Son especie de exiliados del resto que es mayoría. Sus realizaciones y resultados se relegan a simples comentarios de cortesía, desplazados de la atención pública por noticias sensacionalistas que alimentan el morbo.
El justo resulta ser en estos tiempos el tonto que procura ser víctima, como un dinosaurio en peligro de extinción, desplazado por ególatras. Contra él, epítetos que lo descalifican porque compromete las “búsquedas” de aquellos que pretenden lo fácil, de los despiadados que no se interesan por el bien común, de los oportunistas carroñeros de la desdicha humana.
Percibo al justo en la mesura, despertando el enojo de los amantes del derroche, veo en su interés por el orden una provocación para los que viven del caos, su sinceridad se considera agresión irrespetuosa. Con frecuencia contra él se tejen intrigas para el descrédito. Se convierte en un estorbo para los ambiciosos.
¿Qué esperanza recibe entonces el ser íntegro? Pues, en los excepcionales seres humanos que observo tal virtud, percibo un aura atrayente para los honestos que inspira confianza, una presencia que apacigua. El justo, promueve la certeza de los resultados intachables, libres de la presión de la justicia. Así andan seguros de sí mismos, con la frente en alto y sin miedos, no tienen que esconderse y pueden dar la espada a la puerta.
Los correctos, son inspiradores del trabajo bien hecho, por tanto resultan eficaces en sus emprendimientos, estos llevan un sello de calidad en lo que concluyen, los plazos no les atormentan. Disfrutan de permanentes detalles de felicidad, sin el afán de grandes reconocimientos. Ves los ojos de un justo y adviertes tranquilidad, decisión, ausencia de miedo, son como pilares a los que aferrarse en tiempos de tormenta, guías para las decisiones difíciles, libres de remordimientos que quitan el sueño. Dueños de reputaciones excelsas.

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