ENMIENDAS DEL HOMBRE /La simplicidad de la fe

Ángel Leonardo Rojas Peralta.

ÁNGEL LEONARDO ROJAS PERALTA [email protected]

Considero un honor cuando alguna persona invierte su tiempo y comenta nuestros artículos, esté o no de acuerdo con nosotros, nos motiva y nos compromete a enriquecer nuestro criterio al hacer nuestras presentaciones.

Hace pocos días un querido lector no estuvo de acuerdo con uno de nuestros artículos, considerando que dimos un enfoque simplista a los problemas humanos al enfocarlos desde el punto de vista de la fe.

A pesar que este admite que aprecia la valoración hecha a una crisis psicológica y psiquiátrica que hicimos, se entiende que el ser humano es la “suma de todas las cosas”…

Nuestros artículos se escriben desde el punto de vista de la fe, y en ello nos basamos para nuestras recomendaciones. Jamás hacemos una evaluación psicológica o psiquiátrica de las personas (No tenemos esa autoridad ni conocimiento), solo expresamos los síntomas del ánimo que percibimos en quien pretendemos referenciar.

En la mayoría de los casos sobre este humilde servidor. La opinión de que tratar el ánimo y la conducta humana desde el punto de vista de la fe es “simplista”, lo respeto mucho.

Pero esa “simplicidad” es la que nos recomienda el Señor a los cristianos. No dejarnos abrumar con las complejidades, amparándonos en la esperanza de que todo está en sus manos.

Espero que la relación de cada uno con el Señor le permita ver “lo simple” que resulta lidiar con todo basándonos en la Fe. En esta experiencia, no tenemos que complicarnos tanto, mucho menos vivir justificándonos.

Muchos entienden y defienden la capacidad del hombre en términos de la ciencia para tratar el ser, tema que para nosotros es una ilusión, pues no llegamos bajo esos parámetros a nada más que alimentar nuestros egos o las depresiones.

Creo simplista que el hombre sea considerado una compleja red de efectos biológicos, físicos y químicos que perecerán con el tiempo, sin que se considere el alma.

La “simplicidad” Cristiana nos lleva a dejar de manipular a las personas, a dejar de excusarnos siempre por nuestra conducta descuidada o maliciosa, a evitar las quejas que atosigan, nos anima al propio esfuerzo sin aprovecharnos de los demás, pero especialmente, a reconocernos tal y como somos y desde ahí esforzarnos por ser nuestra mejor versión, sin entristecernos, más bien alegres de esta oportunidad de vivir, y la esperanza de que aun perezca materialmente nuestro cuerpo habrá una morada eterna para nuestra alma.

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