ENMIENDAS DEL HOMBRE / La clave del éxito

Casa Cuesta
Ángel Leonardo Rojas Peralta.

ÁNGEL LEONARDO ROJAS PERALTA / [email protected]

Sin Temor a equivocarme, puedo afirmar que lo que más desea un ser humano es la felicidad, y en ello, nos proponemos siempre resultados que concluyan en ella. Pero de lo que no estoy seguro es que si todos logramos darnos cuenta que la felicidad no es algo que se logra, sino, algo que se tiene en sí misma.

Así concluyo en la tesis de que es un estado que condiciona el disfrute o no de las cosas, de la vida misma. Nos empeñamos y nos esforzamos por logras metas y objetivos, entendiendo que la conclusión efectiva de nuestros planes nos llevará a la felicidad, pero intuyo que un estado de felicidad es lo que nos permite lograr la tranquilidad y placidez, es lo que nos permite alcanzar las metas.

Por ello, empiezo a comprender que lo importante no son las cosas que están fuera de uno, sino, las que están dentro. La actitud positiva para ver la vida misma como un regalo perecedero que debe ser aprovechado sin desperdiciar el tiempo en lamentaciones y tristezas, sea cual sean las pérdidas.

Al fin y al cabo, todo lo externo al ser quedará como historia. He sentido que todos llevamos dentro una llama que nos hace relucir cuando brindamos un ser feliz, un aura que nos permite restablecernos y hacernos formidables, aun en necesidades, carencias y enfermedad. Solo es necesario descubrirnos, reconocernos, hurgar nuestro interior para revelar nuestra potencialidad para el bienestar y prosperidad.

Pero nuestros miedos, complejos y heridas son nuestros grandes obs táculos, nuestros grandes y verdaderos males. Sentirnos inseguros, acomplejados al no poseer una que otra virtud o don, o por alguna condición que consideramos desventajosa, nos hiere y entristece, nos limita y anula para los grandes propósitos. No obstante, se hacen necesarios a veces los dolores y derrotas para despertar.

Partirnos en pedazos suele con frecuencia mostrarnos de qué estamos hechos y nos prueba en nuestro valor perseverante. Conceptualizar la felicidad como un estado hacia todo lo demás, y adueñarse del mismo, entiendo nos llevaría a curar nuestras iniquidades, flaquezas, rencores, egoísmo y soberbia. Lo concibo como el cultivo de los milagros, pues despertamos del absurdo pensar respecto a las posesiones y el poder.

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