ENMIENDAS DEL HOMBRE/ De qué sirve

Ángel Leonardo Rojas Peralta.

ÁNGEL LEONARDO ROJAS PERALTA /[email protected]

Si de decir se trata, en cada conversación se expresa un justo, un perfecto en apariencia, alguien que defiende su razón con argumentos minuciosamente edificados para captar adeptos a su verdad.

Muchos nos nombramos creyentes cuando nuestro corazón es pagano, puntuales en los horarios para rituales y tardíos en misericordia, perfeccionistas del egoísmo y mediocres en el amor.

De qué sirve una vida sin propósitos de bien, llena de frases construidas para un espectáculo sin más mérito que las adulaciones de aquellos a los que no les importamos, mientras destrozamos con la desilusión a los nuestros.

De que vale tener la razón a costo de maltrato y la desconsideración. Satisfacción rastrera del ego, apariencias que nublan hasta el sentido común, desmérito absoluto los resultados de las acciones cimentadas en el propio interés, cuando el prójimo solo es una excusa para adulterar lo bueno y convertirlo en lisonjas.

Quisiera entenderme más entendiendo al hombre, conseguir el estado de ánimo que impida mi desilusión cada vez que veo la hipocresía de tantos, dejar de sentir rabia las veces que descubro personas que utilizan la fe como máscara para ocultar sus intereses insaciables. Quisiera dejar de sentir tristeza cuando noto la inconsciencia absoluta por los que sufren dolor, angustias y necesidades.

Pero logro comprender también, de qué me sirve promover la felicidad si permito en mí el desaliento, si accedo a los propósitos mezquinos con mi silencio, con mi inacción. No me valdrá de nada compartir experiencias si doy cabida a la desesperanza.

Entonces, acepto la imperfección del hombre y con ella la propia, denuncio ante ustedes las acciones despiadadas y promuevo la oportunidad de resurgir tras los golpes y maltratos. Invito a los propósitos de bien, al amor absoluto, al consuelo, al servicio.

Si bien estoy lejos de ser cristiano, no dejaré de luchar por ello, no permitiré que el camino por recorrer solo sea palabras, importantes solo mis deseos. Con lo muy poco que es mi todo, trataré de consolar.

Con ese poquito que es mi universo, buscaré medios para el hacer sin seguir patrones inicuos, y cada vez que me equivoque buscaré la manera de enmendar. Tendremos la oportunidad de no solo decir, sino, también de forjar medios para contribuir a los fines de Dios.

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