ENMIENDAS DEL HOMBRE / Conciencia sobre el Ego

Ángel Leonardo Rojas Peralta.

ANGGEL LEONARDO ROJAS PERALTA [email protected]

Basta con observar a las personas desde un punto de vista diferente, ahora con un poco de verdadero amor y compasión, y podremos descubrir muchas miradas perdidas y abrumadas por la desesperanza, ojos que se muestran disolutos en la incertidumbre, en el miedo a perder, al afán de control sobre las cosas, aferrados a su ego como única alternativa para no desfallecer.

Cuántas vidas necesitadas, extenuadas y abandonadas, equivocadamente a la deriva entre las cotidianidades. Me apena haber descubierto que esas caras angustiadas abundan más en los que poseen más de lo suficiente, en los que pueden ejercer su poder ante los demás por su posición social, dinero o fama, en los egocéntricos.

Se colocan una máscara de seriedad sórdida, así sienten que miran hacia abajo, queriendo aplastar la vo luntad de quienes consideran inferiores, pero jamás logran estar despreocupados, deben estar siempre a la defensiva, en modo de lucha. Que terrible enfermedad del ser.

Este egocentrismo es un padecimiento, una patología fruto de los complejos que se alojan en el estado inconsciente del individuo, que no le permite fluir en libertad respecto a su propia existencia y lo mantiene intranquilo, encarcelados como parte de su propio mundo idealizado por los intereses, cuales quiera sean estos. Bloqueados a la conciencia, como un estanque sucio donde no se puede ver el fondo.

Los que así padecen, toman y nunca dan, van acumulando y son incapaces de compartir salvo por algo a cambio, marcan límites intraspasables a su alrededor, coloca señales en el entorno de su ser que impiden un acercamiento sincero.

Pretendo entender por qué el ego hace ver los conflictos como un estado y accionar natural para los que se creen fuertes y exitosos, cuando esto no logra más que un estado fatídico de la existencia. Por efectos de la fe que pretendo vivir, he encontrado tantos que vivimos de este modo, cerrándonos el espacio a la conciencia de existir de manera más armoniosa con el todo, con Dios.

El efecto de esta conciencia resulta siempre en un estado de paz que libera nuestras capacidades para el disfrute pleno, donde recibimos un extraordinario abrazo de la vida, expandiéndose la creatividad hacia la placidez del espíritu, adquiriendo la certeza de que todo lo que excede la satisfacción de nuestras necesidades nos es asignado para ser manejado como administradores de oportunidades para los demás.

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