EN BUEN SENTIDO / La granja de likes y fallowers en turismo

Artice
Antonio Corcino.

En el mundo digital el prestigio de una marca comercial y personas, y el turismo en particular, en ocasiones se adquiere, comprando falsos seguidores y comentarios positivos.

En el día de hoy las redes sociales representan un recurso importante para generar reputación, popularidad, éxito y cierta sensación de calidad, pero ojo, esas imágenes se pueden comprar, es un negocio fraudulento, que produce tráfico y actualiza contenido que podrían generar mejor posicionamiento y aumentar la visibilidad de un negocio en línea, sin embargo es recurso que podría hundir gradualmente cualquier negocio por ser ilegítimo, y que a mediano plazo dinamitar su credibilidad y confianza entre los clientes reales, razón por la cual, este tipo de gastos publicitarios se consideran como zombie, pues solo sirve para generar una imagen falsa y no mejora la visibilidad.

La Organización Mundial de Turismo considera que la práctica de comprar seguidores y comentarios es nociva, ya que quebranta los objetivos del Código Mundial de Ética del Turismo, pues éste organismo en colaboración con TripAdvisor luchan contra este fraude, que ya no solo es utilizada en el sector turístico sino se ya se extendió hasta los medios comunicación digitales, los cuales en ocasiones son reconocidos, no por la calidad de sus publicaciones sino por la cantidad de seguidores, pero que al no verificarse la autenticidad podrían poner en riesgo el principal insumo de un comunicador, la confianza la que debe determinar y la cantidad de vistas y cometarios, en tal sentido no deber ser el único elemento a la hora de reconocer una actividad, pues es imperativo que antes de ser reconocida sea verificado su legitimidad mediante mecanismos y equipos digitales.

Como las empresas turísticas compran a administradores de perfiles falsos, ya existen mecanismos para detectarla como condenas judiciales, sanciones de portales de calificadores como TripAdvisor y redes sociales como Instagram que al descubrir la falsedad cuestionan la credibilidad entre los clientes reales.

Por tanto incurrir en esta práctica es una mala decisión publicitaria, es gastar recurso en un castillo de arena para albergar su imagen, creyendo así que, es una buena inversión, pero no es más una mentira comprada que genera pérdida de confianza.

Como hay registro de condenas sanciones, bajas de ranking y alertas a los clientes con una señal roja tanto a las empresas que los venden como a las empresas turísticas que compran seguidores y comentarios, es un error calculado que a larga socava la confianza de la empresa turística.

ANTONIO CORCINO / [email protected]

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