En buen sentido: El clientelismo político

En buen sentido: El clientelismo político

Antonio Corcino | [email protected]

El clientelismo político o electoral más que un fenómeno, es un monstruo con vida propia que subsiste en cada proceso electoral dominicano.

Desde siempre esta modalidad de hacer política ha estado presente, primero como practica y luego como recurso, empleado por quienes están el poder o los que aspiran alcanzarlo. Este intercambio entre agentes públicos y personas, grupos o empresas que reciben un trato privilegiado a cambio de apoyo político, protección, defensa y otros favores a cambio de fidelidad o adhesión política-electoral lucha con la democracia. Pues este ejercicio de hacer política, de capitalizar y aprovecharse de la debilidad de determinado grupos humanos constituye una forma de relación o red clientelar utilizada por funcionarios y gobiernos mediante los recursos estatales para comprar conciencias y voto en las elecciones.

La relación clientelar dominicana opera de múltiples y de varias maneras, como de época, beneficiando a grupos, empresas y personas proveedoras de bienes y servicios al gobierno, con concepciones, pagos, regalos y puestos. De modo que, esta práctica también es una forma de negación de los derechos, porque suplanta funciones de instituciones, y de maneras despiadadas, aprovechándose de la miseria, necesidades insatisfechas e ignorancia de la ciudadanía. Para mantenerse vivo este aparato, se nutre del presupuesto nacional, agravando la calidad del gasto del gobierno ante los ojos de la Junta Central Electoral incapaz de fretarlo, pues esta especie existir en un ambiente, donde el factor humano por su actitud ético-moral y democrático no ha sido capaz de elimínalo por la precaria institucionalidad.

Como forma de corrupción, el clientelismo impacta social, políticAy económicamente, son implicaciones que pone en riesgo la estabilidad de la sociedad, lo que significa que es uno de los principales retos que deberá enfrentar. En tal sentido, la Junta instruida por las leyes tiene la obligación de asegurar equidad y racionalidad; supervisar, controlar y regular que el gobierno y sus instituciones no reparten el patrimonio para beneficiar a sus candidatos en desventajas de los demás.

Sin embargo, de acuerdo al comportamiento de los miembros del órgano electoral, es el terreno abonado para que este parasito siga vivo en los próximos sufragios, sus indiferencias alimenta esta expresión política-electoral mezquina para que el gobierno se siga imponiendo inclinando los resultados.

Como el clientelismo político es un bicho que sobrevive el cuerpo político, social y económico de la sociedad, urge la necesidad de parar su forma injusta de obrar, impidiendo que el gobierno utilice sus poderes en las electorales a su favor.

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