En buen sentido: Confianza y credibilidad

En buen sentido: Confianza y credibilidad

Antonio Corcino | [email protected]

La confianza y la credibilidad son aspectos que deben guiar a las personas, profesionales, instituciones y organismos como la Junta Central Electoral. Tanto sus funciones, informaciones como sus resultados deben de estar sustentados en esos principios.

Desde que fue creada la Junta no ha cumplido adecuada y oportunamente con sus funciones que le asigna la sociedad, de administrar procesos electorales con transparencia y emitir resultados que expresen la voluntad ciudadana, más bien ha operado como un ente al servicio del poder; más que para garantizar derechos políticos de los ciudadanos, a la democracia y los partidos políticos. Primero se convirtió en una herramienta para falsamente legitimar el régimen de Trujillo, y posteriormente exhibió igual comportamiento en el tránsito a la democracia, donde sus miembros fueron condicionados al momento de entregarle los fondos para organizar las elecciones; oscilando entre chantajes y presiones de diferentes sectores para que los resultados sean favorables a determinados intereses.

De modo que la Junta, tanto ayer como hoy es una de las instituciones del Estado ineficaz por no montar procesos electorales con equidad y transparentes, aunque el Estado le haya otorgado los recursos para que sea soporte de la democracia, pues a lo largo de su vida institucional sus miembros solo han navegado sobre crisis, avalando fraudes según sus conductas manifiestas, y las consecuencias de sus decisiones; razones por las que la población no cree ni confía en sus resultados.

Debido a los conflictos post electorales y como la forma de parar con sus efectos en la sociedad, se estableció nuevas legislaciones; pero el problema no es de leyes sino el factor humano, el cual es el que genera los conflictos, primero no cumpliendo con las leyes y los reglamentos y luego, no imponiéndolos a los actores del sistema, como administrador del derecho de elegir y ser elegibles. Este marco jurídico pretendía fortalecerla y conferirle el poder necesario como forma de que sus resultados sean garante a los partidos políticos y al sistema democrático. Sin embargo sigue siendo una institución timorata.

Independientemente del presupuesto asignado, la automatización de sus procesos, eficientizar su favor, y los esfuerzos en mejorar su imagen pública, hay que convenir que las formas como se han conducido los miembros de la Junta desde su fundación hasta hoy, no han sido útiles, hasta tal punto que sus actos han puesto en riesgo la salud como Estado Social y Democrático de Derecho; en tanto sus resultados siempre no se han correspondido con la voluntad popular, pues no han sido creíbles ni confiables.

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