El Parque Mercedes de la Rocha es hoy un burdel abierto y letrina de vándalos

Hato Mayor. – El esplendor, belleza y majestuosidad del parque Mercedes de la Rocha, de esta ciudad, se ha ido perdiendo en los últimos dos años, debido al descuido de las autoridades municipales.

Sus espacios gritan con urgencia la aplicación de un plan que permita el mantenimiento de cada una de sus áreas. Este parque fue inaugurado en el año 2012 por el entonces presidente de la República, Leonel Fernández Reyna, con una inversión de 40 millones de pesos.

La estructura carece de pintura que resalte las potencialidades.

El Mercedes de la Rocha fue considerado el espacio recreativo más moderno del país, siendo el único que en su configuración presenta la idiosincrasia de Hato Mayor y evoca con su corona la Época Colonial de 1520.

El área se llama así por la donante de los terrenos donde residían los primeros pobladores de la que hoy es provincia, y es una obra de un valor cultural que revela la idiosincrasia de los nativos de esta tierra de cítricos y ganado. La obra mezcla en su arquitectura detalles de la vida religiosa con la producción y el deporte, así como la belleza ecológica. Los moradores de Hato Mayor muestran su preocupación por el estado de sus instalaciones, pues en un sitio de encuentro de los habitantes de esta ciudad y constituye un icono de la zona.

Maritza Rivero, usuaria del parque, señaló que este espacio es un “burdel” abierto, donde se practica el sexo y el mal olor a orina y heces fecales. Dice estar profundamente dolida porque es un lugar que representa la historia local al evocar la época colonial.

El mantenimiento es una de las acciones que demandan.

Las chispeantes luces que engalanaban la corona, así como todo el parque, ya son tenues y la falta de pintura delata la desatención del cabildo municipal. El agua se aposa en los pasillos, impidiendo el libre acceso de peatones.

Los anfiteatros que forman las graderías, compuestas por simétricas campanas, están desaliñadas por la falta de pinturas y mantenimientos. Algunas gradas presentan voladuras o demolición, que realizan desaprensivos visitantes, por la falta de seguridad nocturna.

Eduardo Jiménez, es otro morador de Hato Mayor, que afirma estar preocupado por el actual de este espacio representativo de la provincia. Narró que en las horas nocturnas los hechos delictivos se apoderan del parque y se visualizan desde vendedores de estupefacientes hasta enfermos mentales.

“La Policía solo cuida el lugar varias horas en la mañana y la tarde, pero ya a las 10 de la noche se marchan, quedando la vistosa estructura a merced de lo peor”, expresó Jiménez.

Se niega a morir

Aun del descuido de las autoridades municipales por mantener estas instalaciones, el parque todavía es visitado por cientos de niños, jóvenes y adultos, que sobre todo en horas de la tarde, se sientan en los bancos para conversar, tomar un café o simplemente tomar un poco de fresco bajo la sombra de los árboles que arropa este sitio.

Todavía se ven estudiantes que realizan sus actividades en estos espacios y que se toman selfies en medio de aceras descuidadas y plantas ornamentales secas por la falta de preservación.

Según los moradores de Hato Mayor, las riberas de las hermosas jardineras, sobresalían luces que hacían simetría con la de la corona, permitiendo un centelleo o brillo fuera de serie, pero también se han dañado y no han sido reemplazadas.

Los bancos, que fueron confeccionados de tal manera que cada uno simboliza los frutos como naranjas, limones, canchas, toros y vacas, así como representaciones artísticas, pese a su deterioro, todavía reciben al hatomayorense que espera por el cariño de quienes gobiernan la provincia.

Detalles del parque

Es una obra que detalla en su arquitectura la hermosura que hace de este pueblo un valle de esperanza, como así lo expresan los lugareños, donde se conjuga la vida religiosa con la producción y el deporte con la belleza ecológica.

Su diseñador, el arquitecto Omar Ramírez, asentó en la obra la idiosincrasia de los hatomayorenses, sin obviar ningún detalle. Es por ello que no quiso dejar fuera de su diseño las colinas que circundan la ciudad, entrelazada en perdolado en hierro que surcan aéreamente la moderna estructura, dejando entrever la belleza natural y el valor ecológico de la ciudad.

A la vista de los visitantes, en los pasillos, se pueden observar en distintos extremos, unas seis estatuas, entre ellas las de los tres padres de la Patria, Juan Pablo Duarte, Francisco del Rosario Sánchez y Ramón Matías Mella, la que están ubicadas al extremo este de la estructura.

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