Editorial: Tormentas en tiempos de covid-19

La actual temporada ciclónica sorprende al Estado Dominicano inmerso en su lucha contra los serios efectos que en nuestro país sigue provocando el covid-19 y su triste registro de millares contagios y más de mil muertos.

Cada deceso por esta enfermedad tiñe de luto a hogares que tardarán mucho tiempo para reponerse de esas pérdidas. Nada más desolador para una familia que ver morir a uno de los suyos, y ese dolor se incrementa cuando por razones de prevención los parientes no pueden siquiera sepultar a los fallecidos.

La tormenta tropical Isaías, como muchas otras que han azotado nuestro territorio, nos restriega una vez más la pobreza material que en términos reales padecen millones de ciudadanos en esta media isla, tan marcada por una desigualdad social ancestral y de culpas compartidas.

Los torrenciales aguaceros arrasan desde pequeños conucos de campesinos para su sobrevivencia, hasta casuchas endebles de gente confinadas a vivir donde la distribución injusta de nuestras riquezas los obliga.

Al igual que el covid-19, las tormentas también matan personas generalmente pobres, porque viven a orillas de ríos, arroyos y cañadas o en zonas con terrenos susceptibles de deslizamientos. Esto aumenta el riesgo de que sus viviendas y quienes las habitan queden sepultados bajo cantidades de tierra.

Así las cosas, estamos ante un contexto social que nos conmina a ser sensibles ante la desgracia ajena, sobre todo con esos dominicanos que menos pueden hacer frente a dos situaciones igual de implacables, la crisis sanitaria por el coronavirus covid-19 y las peligrosas secuelas de las tormentas.

En ambas emergencias, el personal médico y los organismos de socorro asumen su responsabilidad, salvar vidas y asistir a los afectados. Pero concierne a un nivel superior de toma decisiones articular esfuerzos y políticas públicas para reducir al mínimo las consecuencias funestas para los más débiles.

Las autoridades casi salientes y que darán paso a un nuevo gobierno han hecho su parte, en función de recursos y capacidades disponibles. Corresponderá al presidente que se instalará el día 16 de este mes priorizar acciones prácticas y proactivas, que promuevan un cambio integral sustentado en reformas sociales y económicas profundas e impostergables.

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