Editorial: ¿Revolución educativa?

Cuando el presidente Danilo Medina asumió como presidente de la República, muchos quizás no entendían a qué hacía alusión el primer mandatario cuando hablaba de “revolución educativa”, un concepto que adquirió una connotación especial en el ámbito nacional.

Se trataba de una oferta novedosa, que en resumidas cuentas intentaba inyectar elementos transformadores al sistema educativo, viabilizado por políticas públicas orientadas en esa dirección.

Comenzó entonces la construcción de amplios y modernos centros educativos para distintos niveles, en los cuatro puntos cardinales. Y no faltaron los aumentos significativos al salario de los maestros, quienes desde este punto de vista vieron en Danilo Medina una especie de “mesías” que vino a rescatar los miserables ingresos que antes percibían.

Pero la prensa nacional inició más tarde recorridos por cada una de esas inauguraciones, independientes de aquellos convocados por la prensa gubernamental. Fue así como comenzaron a surgir informaciones reveladoras de que en no pocas de esas escuelas, liceos y politécnicos faltaba mucho de lo que el presidente había prometido.

Verón-Punta Cana es una de estas demarcaciones. En este distrito turístico, en el caso específico de las escuelas de Tanda Extendida, las cosas no han marchado como se esperaba.

Los niños comen en las aulas, porque no tienen comedor para hacerlo, y la comida se sirve en los pasillos porque no tienen cocina; no hay baños en algunos centros, y la escasez de profesores es objeto de preocupación.

Visto así, pensamos que la “revolución educativa” debió iniciar primero en el campo eminentemente práctico, y luego en la maquinaria mediática que suele acompañar los actos gubernamentales. No al revés.

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