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EDITORIAL / ¡Qué se investigue

 

Era más que obvio que la muerte trágica del comunicador John Ciprian causara gran revuelo en esta zona turística de Verón-Punta Cana, donde hacía vida este joven, conocido por la actitud febril con que abordaba los temas de interés noticioso para La Altagracia.

Fue precisamente la determinación que mostraba en su trabajo de búsqueda y difusión de informaciones, lo que hizo que su deceso provocara variopintas especulaciones.

Visto este contexto, hizo bien el director municipal de Verón-Punta Cana, Ramón Ramírez, al salir al frente a comentarios perniciosos que de forma grosera vinculaban su nombre con semejantes comentarios.

Nada ni nadie ha podido probar que esta muerte fue el resultado de un plan macabro para acabar con la vida productiva de este trabajador de la prensa. Pero tampoco nada ni nadie puede negarle el derecho que tienen sus parientes de exigir que el Ministerio Público y la Policía Nacional vayan más allá de los rumores, y reciban una respuesta contundente a sus reclamos de que se investigue a profundidad las circunstancias en que falleció John.

El fiscal titular de Higüey, Edwin Encarnación, ha dicho que no tienen elementos para asegurar que fue una muerte planificada, y que, por tanto, manejan la tesis de que se trató de un accidente de tránsito.

La declaración de Encarnación viene sustentada por la particularidad de los golpes evidenciados en el cuerpo inerte de John. Pero partiendo de ese mismo criterio, y sin poner en tela de juicio la capacidad investigativa de la Fiscalía, lo correcto sería que el propio Ministerio Público atrape y muestre a la opinión pública al conductor que atropelló a este comunicador.

Que del mismo modo exponga el tipo de vehículo involucrado, y que el responsable explique cómo realmente se produjo el accidente de tránsito, el mismo que el Ministerio Público se adelantó a decretar sin tener o presentar datos objetivos que prueben de forma inequívoca esa posibilidad.

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