Editorial: Mercado de votos

La jornada comicial en esta demarcación turística para elegir al candidato a la dirección distrital por el Partido de la Liberación Dominicana (PLD), revalidó una de las prácticas más nocivas del sistema de partidos en República Dominicana: el clientelismo.

Es preciso acentuar que hablamos de una zona de gran movimiento de dinero, por ser cuna de miles de empleos mayormente vinculados al sector turismo.

Eso explica que en Verón-Punta Cana el mercado de compra y venta de sufragios sea mucho más caro y exigente que en cualquier otra parte del país.

Esto así, obviamente, para quienes entienden que la vía más idónea para ganar un cargo de elección popular es apelando a las carencias económicas de los votantes, comprándoles de forma inescrupulosa su inclinación por una candidatura.

O en su defecto, adquiriendo por unos míseros pesos el derecho a retener sus cédulas de identidad y electoral, hasta tanto culmine el proceso de votación.

Este manejo repugnante fue el denominador común en las primarias de Verón-Punta Cana. Los compradores se apostaban en los recintos electorales y esperaban sin pudor a personas dispuestas a negociar sus preferencias.

Es imposible saber cuántos cedieron a esta ignominia, pero la baja votación en términos porcentuales ayuda a comprender el nivel de degradación de la praxis política en nuestro país, expresada en el penoso bochorno de “sin dinero no hay votos”.

Esta acción deshonesta y reprochable origina victorias y liderazgos ilegítimos, carentes de vigor democrático, porque no gana quien presente la mejor oferta electoral, sino el que tenga más recursos para comprar voluntades.

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