Editorial: La esperada reactivación económica

La tercera aprobación del estado de emergencia nacional solicitada por el presidente Danilo Medina al Congreso Nacional se produce en un contexto distinto a la primera convocatoria, el pasado 19 de marzo, cuando la pandemia provocada por la covid-19 comenzaba a causar pánico e incertidumbre en la población dominicana.

El estado de emergencia que a partir de hoy regirá para los próximos 15 días encuentra al Gobierno concentrado en reactivar las actividades productivas, paralizadas en gran medida desde que el Poder Ejecutivo entendió que las condiciones no estaban dadas para seguir operando de manera normal.

Las presiones para que el primer mandatario confiera luz verde a los negocios que desde mediados de marzo cerraron sus puertas, pesaban ya demasiado sobre un Gobierno cuyos argumentos resultaban exiguos para convencer a millares de empleados sin fuentes de ingresos para el sustento de sus familias.

Si bien el Gobierno actuó con presteza para amparar a esos trabajadores mediante el Fondo de Asistencia Solidaria al Empleado (FASE), la realidad inobjetable es que el Estado dominicano no está en capacidad de soportar por mucho tiempo la carga financiera que representa esta iniciativa.

Tampoco los planes sociales que maneja la Presidencia de la República tienen soporte monetario suficiente para socorrer a los hogares pobres que no fueron beneficiadas por el plan FASE, más allá de la etapa crítica de esta pandemia.

Todo esto explica que antes de solicitar una segunda prórroga del estado de emergencia, el presidente Medina consultara y analizara con diversos sectores las perspectivas de esta crisis sanitaria.

Hasta el cierre de esta edición de El Tiempo se esperaba la alocución de Danilo Medina, quien hablaría precisamente del plan diseñado por su gabinete para prender el aparato productivo del país.

Lo dicho por el presidente en esta coyuntura significa un gran alivio para toda la población. Y es que mucho se ha especulado en torno a las estrategias que pondrá en práctica el Gobierno para que República Dominicana retome la ruta de producción de riquezas.

De nosotros depende ahora adaptarnos a la “nueva realidad” que nos impone el covid-19, sin desdeñar el protocolo concebido para seguir afrontando esa enfermedad de forma juiciosa.

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