DETRÁS DEL HORIZONTE / Las Rosas de Heliogábalo

Darío Yrizarry.

DARÍO YRIZARRY

Así como erróneamente tratamos de satisfacer a nuestros hijos en total plenitud, entendiendo que con esta actitud estamos construyendo un legado transparente que reflejaría el perfil erecto de la familia en sociedad, de esa misma manera la mayoría de los líderes políticos de nuestra región –en especial en nuestra querida Republica Dominicana-tratan de satisfacer a sus adeptos con regalos y prebendas salidas de las arcas desde el gobierno, que disuaden al más “radical de los plebeyos”.

Pero, estudios sociológicos han demostrado que ser complaciente a extremos con la familia no es una posición correcta si tomamos en cuenta que esa práctica mal educa a nuestros hijos y le crea esa condición de dependencia del “bonus pater familia”, cuyos resultados a largo plazo le brindamos a la sociedad un ser humano ajeno a las preocupaciones, desconectado de la solución de los problemas resultantes generados de ese comportamiento.

El arraigo del dominicano respecto del paternalismo del estado ha causado serias distorsiones sociales al extremo de que, cualquier problema de índole común que presenta un dominicano, apela al presidente de la República para que “tome cartas” en el asunto.

Los gobiernos de turno aúpan y acentúan este arraigo, a pesar de que este concepto paternalista ha ido desapareciendo en el hemisferio (occidental).

Y esta práctica de complacencia se multiplica cuando de un compañerito o aliado se trata. La historia nos ilustra sobre el emperador romano Marco Aurelio Antonio Augusto, quien a los catorce años tuvo en sus manos un imperio efímero que se caracterizó por nombrar en su gobierno hombres de los más bellos existentes, con la especial característica de que debían poseer “el pene más grande” que el común, debido a una predilección por los de su propio sexo, a extremos que hizo consultas a los médicos más connotados de la época a los fines de conocer la posibilidad de realizarse un cambio de sexo, ganándose la repulsa de los cristianos moralistas de entonces.

Esta actitud le construyó un perfil y reconocimiento como el primer transexual en la historia. A Marco Aurelio Antonino Augusto (Heliogábalo) le encantaban las fiestas ostentosas para satisfacer a sus adeptos y, en uno de esos banquetes exhibicionistas ordenó que lanzaran pétalos de roza y violetas para impresionar a sus invitados, pero la cantidad arrojada fue tan grande que comenzaron a faltarles el aire y muchos murieron ahogados.

Muy parecido a esta narrativa le está pasando al gobierno del PLD cuyo afán desmedido por complacer a sus adeptos, han desparramado tantos recursos del estado que, al día de hoy se están ahogando en su propia concupiscencia.

Un amor excesivo, imprudente y complaciente provoca daños irreversibles al hombre, lo que a futuro crea problemas de convivencia entre este y la sociedad. Ellos se ahogan en su propia salsa sin existir nada que lo impida.

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