COMO LA VIDA MISMA / Las rodillas de papá

COMO LA VIDA MISMA / Las rodillas de papá

Artice

Mónica León
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¿Qué importa más, la rodilla de papá o el bienestar emocional de una niña de cuatro años? Eso, definitivamente, depende de las prioridades que cada padre tenga.
“¿A dónde vamos, papá?”, pregunté curiosa. “Al parque de allá arribota, Moniquita”, me contestó con su sonrisa de padre complaciente. Eran los paseos que hacíamos, a mis cuatro años de edad, tres veces por semana, pues el médico le había recomendado caminar. De regreso de nuestro paseo, seleccionábamos flores de colores para llevarle a mamá.
Una vez, de regreso, seguimos de largo, pues papi necesitaba hacer algo en el centro comercial. Ya yo estaba cansada porque había caminado muchísimo. Papi me cargó en sus hombros para regresarnos a casa. Al tomar un atajo por el bloque 6, en el que después se construiría un parque y una cancha, papi tropezó con unos alambres de púas que cercaban el terreno y trastabilló. Desde arriba, sentí como se balanceaba, perdiendo en el equilibro y luchando por no caer. Cuando ya no pudo más, cayó de rodillas, clavándose superficialmente una de las púas en la pierna. Apenas pude escucharlo quejándose del dolor y luego, con mucho cuidado, con sus dos manos, me bajó de sus hombros y me colocó frente a él.
Yo estaba muy asustada, pues sus rodillas sangraban, mientras que, lentamente, despegaba la púa de su piel. Su rostro intentaba no reflejar el dolor que sentía. Alzaba la mirada para chequearme a cada rato, diciéndome con sus ojos aguarapados que todo estaba bien. Yo lo observaba petrificada. “Vas a tener que caminar hasta la casa, no puedo cargarte”. Asentí, apretando tan fuerte el ramo de flores que algunos de los tallos llegaron partidos a casa.
“¡León! ¿Qué pasó?”, gritó mami, despavorida, al vernos. Él le lanzó una mirada cómplice, inclinándose hacia mí y le dijo, en tono muy bajito: “tropecé y me caí, pero, tranquila, a Moniquita no le pasó nada”. Aún recuerdo a papi sentado, aguantando el dolor, mientras mamá, con amor y paciencia, curaba su rodillita.

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