COMO LA VIDA MISMA / La integridad

MÓNICA LEÓN / [email protected]

La integridad es a veces muy subjetiva. Seguir tus ideales, ser fiel a tus principios, reconocer tus errores y enmendarlos con humildad, sin dejar que el orgullo sea el líder, reconocer cuando tu ego te juega malas pasadas y saber que el agua que no has de beber es mejor dejarla correr para que no te envenenes en el intento, marcan mi norte. Hasta hace dos años, dediqué casi todo mi tiempo a tratar de que mi otra supuesta mitad se sintiera a gusto y me tratara con el mismo respeto, consideración y esmero que yo lo hacía.

Seguía yo la moralidad, religiosidad, fe y amor incondicional con el que me crió mi madre, al lado de mis hermanos y sobrinas contemporáneas. Se trataba, aparte de arrepentirse, de abrir los ojos.

No era lo que yo merecía. Mucho menos era lo que deseaba para mi futuro. De manera que decidí no dedicar lo que me queda de vida a descifrar lo que pudiere pasar por una cabeza inestable a nivel moral y emocional.

El tiempo, definitivamente, da la razón a quien la tiene y brinda las herramientas necesarias, aunque dolorosas, en muchas ocasiones, para superar las etapas. Los actos delatan siempre a las personas y dejan expuesto el ángel o el demonio que cada quien decide albergar, alimentar y cultivar.

Las personas que nos rodean sienten esas vibraciones. Vivir bien y en paz es una orden celestial que acato. Agradezco la espiritualidad que albergo dentro de todo mi ser, con defectos, desaciertos, errores y debilidades porque está repleta de éxitos, virtudes, rectitud y fortalezas.

Errar es humano, poner la otra mejilla, también. Levantar la frente y mirar hacia adelante es un deber siempre y si lo hacemos acompañados de alguien que nos ama y que ve hacia el mismo lado que nosotros, tanto mejor. Amar y ser feliz son siempre una decisión.

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