COMO LA VIDA MISMA / El apoyo y la justicia

Artice

MÓNICA LEÓN /[email protected]

Había pasado ya un año de aquel altercado que desequilibró mi vida por unos meses. Mis sentimientos hacia ella estaban intensamente trastocados. Fue entonces, cuando, en medio de búsqueda de personal, se me ocurrió ella.

Su hoja de vida era perfecta y habíamos trabajado muchos años en la misma compañía, cada una en su área de especialización.

“Déjame serte sincera”, le dije, “a nivel profesional, sé que eres buena y me gustaría que trabajaras bajo mi tutela”. A nivel personal, sin embargo, estaba bastante insatisfecha con la forma en la que se había comportado frente a mi situación particular, en uno de los episodios más decepcionantes de mi vida.

“Suelo pasar raya entre lo personal y lo profesional”, le dije, “pero soy humana y en ciertas ocasiones, se me cruzan los cables”. Ella se mantenía callada, mirándome a los ojos. Atinó a pedirme que no la juzgara tan severamente.

Más allá de eso, sentía que le había faltado el sentido común para atreverse a emitir ciertas opiniones o apoyar acciones que, deseaba de todo corazón, nunca se revirtieran en su vida. Le expliqué que se empeñó en defender a un hombre que sintió envidia de mí, en vez de valorarme.

Le recordé que había decidido consolar a aquella mujer traicionera. Me comentó que, en ocasiones, él pasaba por su casa y se tomaban un café. Le dije que él era especialista en manipular los sentimientos y empleaba magistralmente el arte de la oratoria para en volver a la gente a su antojo, además de hacerse la víctima. Me decepcionó una y mil veces. Abrir los ojos objetivamente frente a situaciones que afectan a nuestros amigos o conocidos es importante.

Nuestra gente siente y agradece cuando actuamos justamente frente a los problemas que se presentan. Es un deber no dejarnos llevar por la lástima que muchas personas nos puedan provocar, y siempre analizar quién es la verdadera víctima.

Nada duele más que saber que, aunque tengas la razón, la gente que crees que tiene buen juicio, apoya a tu victimario y te da la espalda. Sin embargo, separa siempre lo profesional de lo personal porque del castigo nunca deberás encargarte tú. La justicia siempre será divina.

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