COMO LA VIDA MISMA / Correr es vivir

Casa Cuesta

MÓNICA LEÓN
[email protected]

Mi vecino había sido operado del corazón y corría por convicción propia casi todas las mañanas. Siempre le decía a su esposa: “a mí la muerte que me agarre en el asfalto”. Y así fue. Un día, me levanté sobresaltada y corrí a decirle a mami: “Anoche soñé con nuestro vecino, que moría de un infarto”. Mi mamita me dijo que quitara esos malos pensamientos de mi cabeza, pues el vecino de arriba y su esposa habían llegado del interior del país la noche anterior y todo estaba muy bien.

De modo que, olvidándome del sueño, seguí con mi vida. A los tres días de haber tenido aquel sueño, me levanté con un ligero dolor de cabeza que, a medida que avanzaba el día, se fue agravando.

Con la pesadez que eso provoca, decidí interrumpir mi jornada diaria e irme a casa. Llegué a un cuarto para las seis de la tarde y mi mami estaba sola en la sala del apartamento. Me senté a contarle que me sentía mal. Sonó el timbre. Abrí.

Era la vecina de abajo: “el viejo Carlos tuvo un infarto”, dijo con nerviosismo. “Y yo sé dónde está”, le respondí con seguridad. Volteé a ver a mi madre y le pedí que se comunicara con sus hijos y les avisara, que yo iría a verlo. La impresión fue fuerte. El cuerpo del Sr. Carlos yacía inerte en el asfalto.

Vestía igual que en mi sueño y su esposa le reclamaba que se había muerto en la calle. Mi vecino murió corriendo y era una de las cosas que él más amaba en la vida. Yo empecé a correr un tiempo después, quizás inspirada por él, o quizás inspirada por todo lo que eso implica.

Me costó un mundo iniciar, pero luego de hacerlo un hábito, puedo afirmar, sin ninguna duda que correr es vivir, aunque haya mucha gente que en vez de eso, viva corriendo.

Síguenos en Instagram