¡Bajo sospecha!

Roberto Núñez
Especial para El Tiempo

HIGÜEY.- Como es de conocimiento general, en un acto inaudito, la pasada administración del país, a pocos días de abandonar el gobierno, firmó un decreto de aprobación para la construcción de un nuevo aeropuerto en la zona de Punta
Cana – Bávaro.

Causó gran extrañeza en la comunidad nacional y local el hecho de que, al vapor, se haya aprobado el proyecto Aeropuerto Internacional de Bávaro, el cual de materializarse se encontraría, aproximadamente, a 18 kilómetros de distancia o 2 minutos de vuelo del Aeropuerto Internacional de Punta Cana.

A todas luces puede verse que no se  confirió importancia a un elemento de primer orden, como el riesgo de un accidente que llenará de luto a turistas y locales y arrojará sombras sobre la seguridad de la aeronavegación en nuestro país con sus nefastas repercusiones para la industria turística.

No se le concedió ningún mérito al hecho de que el Aeropuerto Internacional de Punta Cana está en capacidad de manejar, con alto nivel de eficiencia, más del doble de la cantidad de pasajeros que
visitan el destino actualmente.

Además sus facilidades de operaciones han sido reconocidas internacionalmente como de las  mejores en América Latina en su categoría, por ser modernas, amigables con el medio ambiente, calidad de servicios que soporta su operatividad.

La ligereza e insensatez con la que este proyecto “superó” todos los procesos oficiales está bajo sospecha, lo que ha causado indignación general en la mayoría de la población local y nacional.

La medida gubernamental, mendaz, bochornosa, fruto de injustificada lógica y cuestionados análisis técnicos, colman de suspicacias el procedimiento de aprobación. La siempre fértil imaginación popular ha comenzado a catalogar este desatino.

Todo parece indicar que la decisión tomada por el gobierno saliente ha sido fruto de mezquinos sentimientos y detestables intereses de grupos que han hecho ninguna o poca cosa por la zona y el país y donde primó la connivencia con autoridades que a su salida del poder han confirmado su insaciable voracidad.

Mucha gente se pregunta si el solo hecho de construir un nuevo aeropuerto en Punta Cana – Bávaro traerá más turistas o bajará los precios de los pasajes aéreos.

Es obvio que no. Básicamente, el aumento de la afluencia de turistas no depende de que se construya otra instalación aeroportuaria en Punta Cana, sino de un conjunto de factores, tales como la promoción del destino, gestión, la estabilidad política, el estado de derecho, seguridad, salubridad, diver-
sidad y calidad de ofertas y servicios,
etc.

Tampoco, la construcción de una nueva terminal será motor determinante de mejores precios en las tarifas aéreas. Los inversionistas que promueve esa
obra solo están tratando de ganar res-
paldo creando falsas expectativas en la
comunidad para lograr sus objetivos.

Otra incongruencia carente de significado que se ha esgrimido, para sumar adeptos, es la de que el nuevo proyecto eliminará un monopolio. Los aeropuertos son entidades naturales
de servicio al público y de carácter
territorial estrechamente vinculadas con la seguridad nacional.

Por ejemplo, si fuese así, entonces  pudiéramos pensar en proponer la construcción de aeropuertos entre el Aeropuerto Internacional de Las Américas y la capital o entre el Aeropuerto Internacional de
Santiago y esa ciudad como forma de romper “monopolios”.

Continuando con las quimeras, también se ha dicho a los cuatro vientos que ese proyecto generará miles de empleos. Por supuesto que durante la etapa de su construcción pudiera generar cientos
de empleos adicionales, pero serian empleos temporales.

Lo que es seguro es que después será el
Estado Dominicano el que se vea  compelido a aumentar innecesariamente sus gastos. La prensa nacional se ha hecho eco de estudios económicos que han asegurado que ese proyecto no es financieramente viable por lo que el Gobierno deberá ofrecer más de 4 mil millones de pesos en incentivos para que los inversionistas privados recuperen su
inversión.

Pregunto: ¿Es una necesidad prioritaria que el Gobierno se vea obligado a erogar tan extraordinaria suma de dinero para asegurar retorno de inversión a los socios privados del proyecto cuando con esos recursos públicos podemos satisfacer impostergables necesidades comunitarias tales como como acueductos, hospitales, recuperación
de playas, manejo de desechos sólidos, preservación de ecosistemas, sistemas de drenaje pluvial y alcantarillado, construcción de edificios de servicios públicos, fortalecimiento de pymes y emprendimientos, etcétera.?

El grupo que promueve la construcción del Aeropuerto Internacional de Bávaro no debe subestimar la inteligencia del pueblo altagraciano, que sabe identificar
a leguas cuando se trata de un «embeleco».

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