Teo Torres

ASÍ PIENSO /La vida del periodista

Teo Torres
Teo Torres

Teo Torres

Apropósito de haberse celebrado el pasado 5 de abril el Día Nacional del Periodista, en mi artículo anterior quise transmitirles un mensaje punzante a mis apreciados y dilectos colegas de una y mil batallas.

Conmovido por la realidad crucial que envuelve a este sector profesional, nuevamente quiero redundar en relación al tema. Y lo hago porque pienso que ya basta que los periodistas y otros comunicadores continúen siendo sub-utilizando como preservativos por unos bandidos, trepadores, perversos y malagradecidos que medran en supuestos sectores representativos de la sociedad, principalmente en el ámbito político.

En mi anterior escrito puse de ejemplo la experiencia relatada en su novela autobiográfica testimonial El Príncipe de los Mendigos por el influyente y laureado periodista peruano, pero de ejercicio intenso y pleno en Estados Unidos, don Gullermo Descalzi, quien sumido en una situación de desgracia en un momento de su vida miserablemente fue abandonado a su suerte precisamente por quienes más se beneficiaron de sus trabajos periodísticos.

En su obra don Guillermo Descalzi, de una manera desgarradora y espeluznante dice que: “En 1995 había descendido a lo más bajo de la escala social. Había abandonado todo, pero lo había hecho equivocadamente.

Fue, como me diría una vez el senador Christopher Dodd de Connecticut, “un equívoco malo”. Lo había abandonado todo porque había corrido a esconderme en una nube de alcohol y marihuana…con algunos copos de cocaína regados por aquí y por allá.

Era un drogadicto, un alcohólico, un mendigo en las calles de Washington que nada quería saber del mundo oficial¨. “Estando yo en medio de mi desgracia desgarradora, sucio, harapiento, deambulando en los alrededores del Capitolio pude advertir a escasa distancia a un senador republicano, quien llegó a esa posición gracias a la proyección que obtuvo con mis trabajos periodísticos, y cuando quise abordarlo, me miró con desprecio y asco, y evadió raudo y veloz hasta apartarse de mi vista”.

Esta es la triste y cruda realidad que tiene que enfrentar no solamente cualquier hombre de la prensa, sino cualquier persona, pero yo quiero contextualizarlo estrictamente al ámbito periodístico para que quienes han elegido esta difícil y noble carrera profesional para ejercerla lo tengan presente cada minuto de su vida.

El periodista tiene que entender de una vez y para siempre que su misión esencial es contribuir a la construcción de una sociedad más justa y funcional. Ya está bueno de dejarse usar como preservativos por unos vivos y perversos que sólo procuran sub-utilizarlos como meros instrumentos para proyectarse ante la sociedad, a los fines de procurar grandes y cuantiosas fortunas para sí, a cambio de la mirada indiferente e ingratitud.

¿Me entendieron, queridos colegas?

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