Teo Torres

ASÍ PIENSO / Descomposición moral, social y política

Teo Torres
Teo Torres

Teo Torres

En mi anterior artículo, con cierto grado de frustración y pesadumbre, me refería al alto nivel de descomposición y degradación en que se ha subsumido el ejercicio de la actividad política en nuestro país y la ausencia de un régimen de consecuencias que sancione este repugnante mal social. Nuevamente vuelvo al mismo tema.

Lo hago porque de verdad que me está preocupando enormemente el rumbo accidentado que está tomando este país en materia de corrupción, sin que se advierta en lo inmediato la posibilidad de que se levante un muro de contención para detener este terrible mal.

Pues resulta que ahora estamos viendo con pavor como unos cuantos grupos de putrefactos y perversos que medran en la política han asaltado las instituciones de la administración públicas, en todos los niveles, y han hecho de ellas lo que les ha venido en gana, usándo las como empresas de su propiedad para hacerse cada día más millonarios, sin ningún miramiento.

Los ejemplos están a la vista de todo el mundo y, peor aún, le estrujan con desparpajo y sin timidez su cuantiosa fortuna material y económica a los preservativos electores dominicanos.

¡Qué barbarazos son!

En la provincia La Altagracia unos cuantos se han hecho multitetramillonarios de la noche a la mañana desde la función pública que han ocupado, sin que se le conozca ninguna otra actividad productiva legal fuera de ella.

Podemos citar el caso del funcionario del Ministerio Público Lucas Evangelista Pérez José, quien con gran notoriedad exhibe una riqueza invaluable que algún día tendrá que explicar en los tribunales de dónde diaaaaablo la sacó. Eso sólo para citar un ejemplo, pero así hay muchísimos casos.

Otros especuladores de la política han sabido conjugar y alternar su crecimiento económico, producto de su paso por el poder público, disfrazando la con empresas privadas de gran productividad que sabiamente han constituido.

Así han podido paulatinamente blanquear el origen y procedencia de su voluminosa fortuna. Pero la descomposición moral, social y política en este paisito de las maravillas es tan alegre y miserable que estamos contemplando con amargura y decepción como estos personeros de mal agüero que están dirigiendo las cosas públicas están acabando con el patrimonio público, mientras otros perversos aspiran asumir el poder para exactamente hacer lo mismo.

¡Qué pena que estén pensando así!

Necesariamente en nuestro país se impone que se instituya urgentemente un régimen de consecuencias concreto, firme y decidido para combatir este cáncer maldito que avanza a paso agigantado en detrimento de esta sociedad que merece mejor suerte.

Este estado de cosas malditas que está corroyendo aceleradamente los cimientos mismos de la sociedad dominicana ya es hora de detenerlo.

¡Pero ya!

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