ALGO MÁS QUE PALABRAS / Vivir unidos para convivir hermanados

Víctor Corcoba Herrero.

Víctor Corcoba Herrero

Nuestra historia de seres pensantes, con corazón y cuerpo, con raciocinio y voluntad, lo que pone en evidencia es que estamos llamados a vivir unidos, preocupándonos los unos de los otros, haciendo familia y renaciendo cada día, con las consecuencias que ello conlleva de perpetuarse en el tiempo, y de inmortalizar ese espíritu solidario, tan necesario como imprescindible, máxime en una época en el que muchas personas huyen para salvar sus vidas, por un techo seguro y un lugar donde no tengan que vivir con miedo.

Por tanto, es de agradecer que a pesar del récord de desplazamiento forzado a nivel mundial, los servicios de salud para los refugiados y otras poblaciones desplazadas, sean capaces de resistir, según dice el último informe de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR).

De ahí la importancia de que ningún ser humano se sienta propiedad de nadie, sino servidor de todos.

No olvidemos que el derecho de toda persona a no ser sometida a compraventa está reconocido en el derecho internacional como norma inderogable; sin embargo, gracias al dios dinero que todo lo corrompe y a la impunidad de algunos privilegiados, resulta difícil mantener esa vinculación de encuentro, que es lo que verdaderamente nos abre al mundo, a un dilatado horizonte de esperanzas y consuelos.

Ciertamente, en ocasiones, nos quedamos sin aliento al ver tantas vidas truncadas, muertas por el dolor de la soledad, una plaga típica y reveladora de los desequilibrios y conflictos de este mundo globalizado.

Bien es verdad que uno tiene que empezar por saber convivir con la luz del amor y de la mente, pues lo fundamental es alumbrarse el camino entre todos, para no tropezar siempre en la misma piedra, y dejar de verter energías en pozos que nos conducen a la destrucción. Sabemos que hoy la desesperación se acumula en muchas fronteras, en parte por esa frialdad humanística que llevamos consigo.

Justamente, por ello, hemos de procurar cada uno el bien de los demás, que no es otra cosa que hacer respetar los derechos y los deberes con diligencia y eficacia crecientes.

Por desgracia, no puede haber hermanamiento cuando fallamos hasta en el mismo respeto hacia nuestro análogo, cuando obviamos el deber de colaboración con nuestros semejantes, cuando somos unos irresponsables, y en lugar de sentirnos estimulados por ayudar, sólo pensamos en la razón del poder para dominar y de la fuerza para aplastar.

Esto pasa cuando el orden moral no se considera, y la autoridad gobernante se endiosa en su ordeno y mando. Así, toda relación debe regirse por la verdad, pero también por la justicia y el principio de la solidaridad más activa.

Síguenos en Instagram