Algo más que palabras: Salir de sí hacia el otro; la gran lección del coronavirus (COVID-19)

Algo más que palabras: Salir de sí hacia el otro; la gran lección del coronavirus (COVID-19)

Víctor Corcoba Herrero | [email protected]

Este mundo de prisas y de pocas pausas, olvida con demasiada frecuencia la necesidad de pararse a pensar, de sonreír al que se cruza en nuestro camino, ya no digamos de ocuparse y preocuparse por aquel que solicita nuestra asistencia, esa dimensión de gratuidad la tenemos aletargada, puesto que nos hemos acostumbrado a movernos por intereses mundanos. Hay que volver a esa innata sabiduría del corazón, la de ser solidarios con el análogo sin juzgarlo. La experiencia de la pandemia del coronavirus puede ser la gran lección de humanidad, lugar privilegiado de transmisión de valores y principios, en un mundo tremendamente interconectado, pero frío en relaciones humanas.

Precisamente, en un artículo publicado hace poco en The Guardian, los líderes de la ONU afirman que el Covid-19 es una verificación no sólo de nuestros sistemas y mecanismos de atención de salud para responder a enfermedades infecciosas, sino también de nuestra capacidad de trabajar, en dirección conjunta, como una colectividad de países ante un desafío común. Esta es la prueba, la de obrar unidos, empezando por una atención médica accesible y asequible a toda la humanidad, sin tener en cuenta tratamientos diferenciales arraigados en función de los ingresos, el género de los individuos, la geografía en la que habiten, la raza y el origen étnico, la religión o el estatus social.

Esta dimensión de servicio entre nosotros, y sobre todo en relación a los más necesitados, hace tiempo que la hemos perdido o no la fomentamos.

En efecto, la situación es la que es y no puede ser más indigna, en un mundo en el que millones de niños solo conocen la guerra, o millones de abuelos sólo se tratan con la soledad. Realmente, somos una generación a la que nos suele escasear esa talla moral, que radica tanto en el donarse como en el perdonarse; y, sin embargo, suelen sobrarnos actitudes egoístas que nos impiden engrandecernos como humanidad, a través del valor del acompañamiento, algo innato a todo ser vivo que demanda sentirse amado y consolado siempre.

Desde luego, no hay mejor sabiduría que la actitud de abrirse a la gente, haciéndonos más abiertos al diálogo para conocernos y comprendernos mejor, cuando menos para aliviarnos de la carga de desolación que a veces nos invade.

En este sentido, y con referencia a la pandemia del coronavirus, a mi entender la respuesta internacional ha sido crucial para luchar contra el estigma de los mil temores y ansiedades en individuos y sociedades. A propósito, tenemos que reconocer que la Organización Mundial de la Salud está proporcionando su experiencia, que no es poca, para favorecer el desarrollo de la investigación de casos, con la contribución de fármacos y vacunas.

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