Algo más que palabras: El don de donarse germina del quererse

Algo más que palabras: El don de donarse germina del quererse

Víctor Coroba Herrero | [email protected]

Los días son tan inciertos, que hay que aprovechar los buenos momentos de sosiego, cuando menos para fortalecernos internamente. La realización con la que todos soñamos comienza con el don de donarse. Hay que pasar del egoísmo a pensar en los demás. Encerrarse en uno mismo es como enterrarse de por vida. Es necesario vencer aislamientos, pues nadie es autosuficiente por sí mismo, al menos para recorrer el camino de la complacencia, que está en el compartir, en la entrega generosa, que es lo que verdaderamente da sentido a nuestro camino existencial. No olvidemos que lo importante es el bienestar psicológico, el poder sentirse laborioso y en paz consigo mismo.

Precisamente, fue el rey de Bután hace muchos años, quien optó por una filosofía de gobierno basada en la felicidad de sus súbditos; y, para ello, inventó el concepto de Felicidad Nacional Bruta (FNB) en vez del producto interior bruto. Quizás, en este preciso instante, también tengamos que reinventar otras políticas monetarias, cuando menos más poéticas y menos interesadas. Dicen que la cuarentena y el distanciamiento social son la receta adecuada para luchar contra el impacto del COVID 19 sobre la salud pública, pero para proteger la economía mundial se necesita exactamente lo contrario. Confiemos en que el estímulo fiscal adicional no lo abonen los que menos pertenencias tienen, por aquello de mantener el equilibrio y la solidez, o sea, la conjunción entre el verbo y el verso.

De todos modos, hemos de reconocer con cierta alegría que la vida no adquiere sentido por el poder que se aglutine, ni tampoco por el dinero que se posea, sino por la lucha en buscar el bienestar del prójimo, por la entrega y capacidad de servicio. Esto es lo que verdaderamente nos hace querernos. Si cada análogo nos propusiésemos ayudar a una sola persona a vivir mejor, esto sería suficiente para que el mundo se hermanase más y para justificar nuestras andanzas. En efecto, el don de donarse germina del quererse, pues, como en su tiempo dijo el filósofo francés Auguste Comte (1798-1857), “vivir para los demás no es solamente una ley de deber, sino también una ley de felicidad”; y esta placidez del alma, no olvidemos que es lo que en realidad nos imprime fortaleza para proseguir camino y dejar huella.

El rastro de la fascinación y del asombro es lo que nos embellece y entusiasma. Por cierto, vienen a mi memoria esos auténticos poetas de corazón, que han hecho de su vida un poema de verdades, una autenticidad de latidos, contribuyendo de este modo, a poner emoción en tanto interior humano insensible.

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