Abandono: Parque de Hato Mayor muestra el descuido de las autoridades

HATO MAYOR. El esplendor, belleza y majestuosidad del parque Mercedes de la Rocha, de esta ciudad, se ha ido perdiendo en los últimos tres años, debido al descuido de las autoridades municipales. Sus espacios siguen gritando con urgencia la aplicación de un plan que permita el mantenimiento de cada una de sus áreas.

Este parque, fue inaugurado a principios del año 2012 por el entonces presidente de la República, Leonel Fernández Reyna, con una inversión de 40 millones de pesos. El Mercedes de la Rocha fue considerado el espacio recreativo más moderno del país, siendo el único que en su configuración presenta la idiosincrasia de Hato Mayor y evoca con su corona la Época Colonial de 1520.

El área se llama así por la donante de los terrenos donde residían los primeros pobladores de la que hoy es provincia, y es una obra de un valor cultural que revela la naturaleza de los nativos de esta tierra de cítricos y ganado. La obra mezcla en su arquitectura detalles de la vida religiosa con la producción y el deporte, así como la belleza ecológica.

Quienes habitan en Hato Mayor muestran su preocupación por el estado de sus instalaciones, pues es un sitio de encuentro obligado de cientos de familias de esta ciudad y constituye un icono de la zona. Rodolfo González, usuario del parque, dice que lo que más le preocupa, además de la falta de mantenimiento del parque, es la presencia de mujeres dedicadas a la prostitución en las horas nocturnas, sobre todo los fines de semana.

“A todo eso se le suma el olor a orina y heces y es lamentable que casi uno pueda ni sentarse a pasar un rato agradable. Cada vez que vengo veo el parque muy deteriorado y eso es alarmante porque nos estamos quedando sin el único espacio que tenemos los hatomayorenses para distraernos”, manifestó González.

Las chispeantes luces que engalanaban la corona, así como todo el parque, ya son tenues y la falta de pintura delata la desatención del cabildo municipal. El agua se aposa en los pasillos, impidiendo el libre acceso de peatones. Los anfiteatros que forman las graderías, compuestas por simétricas campanas, están desaliñadas por la falta de pinturas y mantenimientos.

Algunas gradas presentan voladuras o demolición, que realizan desaprensivos visitantes, por la falta de seguridad nocturna. Otra usuaria de nombre Elena Fernández, explicó que ha sido testigo de algunos asaltos que en horas de la noche se cometen en el parque.

ESPACIO QUE SE NIEGA A MORIR

Aun del descuido de las autoridades municipales por mantener estas instalaciones, el parque todavía es visitado por cientos de niños, jóvenes y adultos, que sobre todo en horas de la tarde, se sientan en los bancos para conversar, tomar un café o simplemente tomar un poco de fresco bajo la sombra de los árboles que arropa este sitio.

Todavía se ven estudiantes que realizan sus actividades en estos espacios y que se toman selfies (autofotos) en medio de aceras descuidadas y plantas ornamentales secas por la falta de preservación. Según los moradores de Hato Mayor, las riberas de las hermosas jardineras, sobresalían luces que hacían simetría con la de la corona, permitiendo un centelleo o brillo fuera de serie, pero también se han dañados y no han sido reemplazadas.

Los bancos, que fueron confeccionados de tal manera que cada uno simboliza los frutos como naranjas, limones, canchas, toros y vacas, así como representaciones artísticas, pese a su deterioro, todavía reciben al hatomayorense que espera por el cariño

de quienes gobiernan la provincia.

El parque Mercedes de la Rocha es una obra que detalla en su arquitectura la hermosura que hace de este pueblo un valle de esperanza, como así lo expresan los lugareños, donde se conjuga la vida religiosa con la producción y el deporte con la belleza ecológica.

Su diseñador, el arquitecto Omar Ramírez, asentó en la obra la idiosincrasia de los hatomayorenses, sin obviar ningún detalle.

Es por ello que no quiso dejar fuera de su diseño las colinas que circundan la ciudad, entrelazada en perdolado en hierro que surcan aéreamente la moderna estructura, dejando entrever la belleza natural y el valor ecológico de la ciudad.

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