RINCÓN HISTÓRICO / La llegada al centro de tortura del nueve

Antonio Cedeño (Macho).
Antonio Cedeño (Macho).

Antonio Cedeño (Macho) [email protected] 

Unos 20 minutos más tarde regresó el marino- que se parecía a Mesino Montas- hijo de don Ulises Montás, con los instrumentos de limpieza, y se los pasó a Pachín, entendí, que era para ridiculizarlo, poniéndolo a suapear.

Me molesté interiormente, le quité el suape y la cubeta, hice la limpieza, cuando el marino consideró oportuno, regresó y llamando a Arévalo, le hizo entrega de la cubeta y el suape, tomé la cubeta y el suape y lo pasé al pasillo, que parecía un espejo. Devuelto los equipos mi papá se acercó e introdujo entre el bolsillo delantero de la camisa del marino, una papeleta de cinco pesos. Ya sentados en el piso, Arévalo observó que no debíamos comentar nada porque esos pasillos estaban llenos de teléfonos. Le contesté que nosotros no sabíamos nada, previendo que los micrófonos recogieran la advertencia de Arévalo.

El marino regresó con los mismos objetos, nos manifestó que el general Ramfis, visitaría la cárcel y que al pasar por el pasillo nosotros debíamos vivarlo.

Continué limpiando los pisos de mármol blanco, revestidos de piedrecillas negras. Como negra resultaba ser la esperanza de muchos prisioneros del 9, en una noche de jolgorios e interrogatorios; el marino, convertido en nuestro informante, ya no importaba que viniera con sus objetos de limpiezas, pues a partir de ese instante seriamos personas de su confianza.

Ramfis y su séquito, portando ametralladoras, continuaron por el pasillo central hacia el lado este donde habían llevado a Modesto Díaz y Miguel Ángel Báez Díaz y otros implicados en la trama tiranicida; al llegar frente a nosotros el verdugo dijo: !viva el general Ramfis! Todos gritamos ¡viva! Ramfis ni se preocupó en mirarnos.