RINCÓN HISTÓRICO / Formación de la unión cívica nacional

Antonio Cedeño (Macho).

Antonio Cedeño (Macho) / [email protected]

Que se trataba de un negocio de ventas de refrescos y boruga, oriundo de Samaná, quien fuera quesero, en la quesería La Antillana, y se encargaba de atender una refresquería, en la calle Agustín Guerrero, casi esquina Colon, “su lema era todavía no es nada, nos comeremos los unos a los otros, si esto sigue así”.
Tenía un radio Phillips de cinco tubos que le permitía oír las noticias de la B.B.C, de Londres. Creso Almonte, padre de las profesoras Dionisia y María Almonte ebanista de grandes condiciones artísticas, que trabajaba de noche porque no había luz y en la madrugada la corriente tenia mayor fuerza para mover el torno eléctrico, y todos aquellos que se dedicaran a esos tipos de artes con maderas y metales.
En esa época, sometiéndolos a la obediencia a base de golpes; muchos de ellos perdieron la salud física y mental, sin encontrar culpable; ahora rodaba por la superficie terrestre, la cabeza del tirano, desprendida del busto de bronce, la misma cabeza, del busto que cuando el licenciado Amable Botello, gobernador de la provincia de La Altagracia-La Romana-, buscaba apoyo económico para la construcción del monumento le dijo Macico Báez, tío del doctor Anaiboni Guerrero Báez, y tío del poeta y escritor doctor José Rijo Báez, autor del cuento del mismo nombre -Macico-, en un aparte: “licenciado, este hombre de carne y hueso, pesa mucho, usted no cree que si lo hacemos de bronce no vamos a poder con él y va a durar para toda la vida”.
El gobernador tragó en seco, recibiendo la vaca para su venta a fin de juntar dinero para el citado monumento de manos de don Macico Báez. El letrero que estaba colgado en el frontispicio del ayuntamiento que decía Loor a Trujillo, fue invadido por una turba, Bienvenido Cedano (El Veterano).