RINCÓN HISTÓRICO / El regreso de la familia Herrera Cedeño a Higüey

Antonio Cedeño (Macho).
Antonio Cedeño (Macho).

Antonio Cedeño (Macho) / [email protected]

Ya que estos trabajaban como ayudantes de farmacia y de la tienda de tejidos y provisiones, de nombre Cedeño y Poueriet, logrando salir airosos, Marino Castillo, recibió el apoyo de su tío Rolando, pues su padre había perdido la generosidad paterna al nacer, y la tía Altagracia, como Rolando su padre de crianza se opondría, porque no existía la Ley 1051, para obligar a los padres que dieran de comer a sus hijos y que la tía abuela –Manuela Cedeño Herrera- -Nana- no permitía esas nimiedades.

Por lo tanto, hay que colegir que si no le daba alimentos a su hijo biológico, mucho menos recibirían sus hijos jurídicos. Todo eso a pesar de que era considerado un hombre de bien que hacía de Juez de Paz, durante muchos años.

Marino Lucas Castillo, hizo sus cursos primarios en la escuela de la señorita Celina Pillier, luego aprendió farmacia y la cura práctica de la medicina con el doctor Celio Struch, y su tío Pedro Rolando Cedeño Herrera, fue nombrado practicante en el Batey Lechuga, perteneciente al Central Romana Corporation donde duró muchos años, renunciando al cargo y trasladándose a la ciudad capital, donde se hizo mecanógrafo y adquirió una casa familiar en el barrio de Mejoramiento Social.

Frente a la Industrial Lechera, instaló la farmacia Castillo, en la calle Juan Bautista Vicini, esquina Damián del Castillo, donde estuve como ayudante de farmacia. Con su condición de indulgente le compro una maquinilla Wnderood, a su compadre Manuel Urrutia, que posteriormente substrajo, por espacio de dos años, a principio de la década de los años de mil novecientos sesenta, trasladó la farmacia, para la calle Arzobispo Valera.