Missing image

Políticos cavernarios

Una campaña electoral es lo más parecido a una confrontación bélica, porque sus actores se adentran en una feroz competencia para alcanzar el poder, sin escatimar en el tipo de armas a utilizar para sus ataques y contraataques.

Esta dinámica asume en su máxima expresión la célebre frase atribuida a Nicolás Maquiavelo, de que el “el fin justifica los medios”, un planteamiento que en su momento fue rígidamente refutado por letrados de aquella época, por considerarlo déspota, frío y amoral.

La política criolla se rige por este código, donde la moral ajena importa un bledo. En vez de discutir propuestas para resolver necesidades apremiantes, y de este modo contribuir a hacer viable el Estado dominicano, esa categoría política se dedica a orquestar campañas dirigidas a manchar honras de quienes disienten de sus inclinaciones y puntos de vista.

Es a lo que los teóricos de la propaganda política llaman campañas sucias. Pero, ¿qué es una campaña sucia? La campaña sucia se especializa en atacar al contendiente, pero el interés supremo no es destacar y sacarle provecho a sus faltas, sino crearlas, inventarlas, sin ninguna sustentación.

La campaña sucia distorsiona la realidad de forma antojadiza y maliciosa; atribuye situaciones falsas que no se corresponden con la verdad que se pretende trasferir. Y lo hace plenamente consciente de que su único fin es dañar al rival, no importa si para lograrlo deba recurrir a los mecanismos más despreciables.

La campaña sucia es muy propia de aquellos políticos capaces de franquear la frontera de la ética, la dignidad y el decoro, porque su mirada está fija en destruir de cualquier manera la integridad del contendiente.

Los que defienden y practican este estilo cavernario de hacer política, porque se nutren de métodos tramposos y abyectos, suelen confundir la campaña sucia con la campaña negativa, que es un concepto muy distinto.

La campaña negativa se basa en realidades desfavorables del adversario, aunque debidamente sustentadas. Es decir, utiliza errores de la parte contraria para ilustrar o prevenir al público sobre cuestiones elementales que puedan perjudicar sus aspiraciones.

Pero, a diferencia de la campaña sucia, la negativa jamás recurre a la ficción para blasfemar de forma implacable al contendiente. Entonces, la campaña sucia es, en consecuencia, ofensiva, abusiva e irrespetuosa.

Los que prefieren este recurso quizás ignoran el sabio consejo del estratega militar chino Sun Tzu, recogida en la famosa obra El Arte de la Guerra, de que “nunca se debe atacar por cólera y con prisas. Es aconsejable tomarse tiempo en la planificación y coordinación del plan”.