PINCELADAS / Siete de julio, pinceladas de una vida

Ernesto Rivera (DUKE).
Ernesto Rivera (DUKE).

ERNESTO RIVERA (DUKE)[email protected]

Colegio Mayor Universitario San José de Calasanz (8)

Hay muchas cosas que nunca pude averiguar con certeza, pero que todavía me intrigan y creo que a ti también.

La noche del 30 de mayo recuerdo que era casi la hora de entregarnos al estudio en el colegio. De hecho, ya estábamos en nuestra habitación cuando empezaron a escucharse unos disparos por los lados de la Feria.

En el colegio se armó una algarabía entre algunos estudiantes. Plácido y El Chivito Domínguez comenzaron a gritar: “Mataron el chivo”, lo que quiere decir que ellos estaban al tanto de lo que estaba ocurriendo en ese momento, o de hecho lo estaban esperando.

Era tanta la euforia que hasta se rompió una de las ventanas de cristal en el segundo piso y hubo de emplearse muy a fondo el Padre Rector para imponer el orden, dado el peligro que aquello agregaba a la ya difícil situación del Colegio. Las represalias no se hicieron esperar mucho tiempo. Estábamos en la mira directa ya sin lugar a dudas desde la bomba de la noche del 24 de abril.

Otra cosa que me intriga todavía es la famosa Carta Pastoral de aquel 21 de enero que ha sido atribuida a tantos y tan diversos autores, pero que todavía a ciencia cierta no sabemos de su autoría. Algunos la atribuyen al mismo Padre Ferragud, a monseñor Pepén, al padre Robles Toledano o a monseñor Roque Adames, entre otro; más nadie ha podido decir con certeza quién fue su verdadero autor.

También se decía que nadie estaba enterado del contenido de la carta hasta que no fue abierta en la misa donde iba a ser leída, aquello hasta el día de hoy se ha mantenido como un gran secreto, pero yo sospecho que en mi colegio alguna orejita se había dado ya desde la noche anterior. Inclusive, algunos hasta habíamos planificado asistir a varias iglesias para escuchar su lectura más de una vez.

Hoy alguien que se considera bien enterado me asegura que dicha carta fue redactada por monseñor Juan Félix Pepén, revisada y firmada por los demás obispos de la arquidiócesis.

Ahora permíteme hablarte de nuevo de aquel joven militar que en principio desconocíamos y que cuando nos enteramos de quién era sentimos pánico y casi delirio de persecución por su culpa sin que él se diera cuenta, sobre todo, yo que tuve que encontrarme con él más de una vez por razón de su noviazgo con Luisita, joven de su ismo pueblo y parte de nuestra gran familia donde tía Bienva. El teniente Amado García Guerrero.