PINCELADAS / Siete de julio, pinceladas de una vida

Ernesto Rivera (DUKE).

ERNESTO RIVERA (DUKE) / [email protected]

Actitud ante la tiranía (2)

Al expresarme así sobre este personaje, me excuso ante tantas personas que podrían decir de él muchas cosas totalmente distintas a las que yo expreso aquí. Algunos tendrán mucho que agradecerle, lo reconozco y repito una vez más que nadie es totalmente bueno o malo para todo el mundo. No ignoro que los humanos somos una mezcla de ángeles y demonios, pero muchas veces hay intereses que te inclinan más a un lado que al otro.
En nuestro caso, yo puedo decir que con nosotros no fue precisamente una Madre Teresa de Calcuta. Si Dios quiere que le perdone. Mi padre sí estoy seguro que ya le habría perdonado. Yo, que todavía le guardo mi cosita, y como él y el jefe eran tan amigos, que se entretengan allá mientras tanto.
Pero, continuando con nuestro relato, allí ideamos un plan que durante mucho tiempo fuimos madurando y perfeccionando, a fin de que no nos fallara en nada, para escapar de aquel infierno.
Fue mucho el tiempo que tuvimos que esperar y al fin una madrugada, casi al amanecer pudimos llevarlo a efecto. El relato de esta escapada parece algo de película y contarlo paso a paso desde el inicio de su preparación llevaría muchas páginas e involucraría a muchas personas. Sin embargo, no puedo dejar que pase desapercibido el nombre de Manuel Antonio Presinal Solano, quien tuvo un papel protagónico en esto.
Habiendo huido ya del hospital y a solo unos minutos de arribar a nuestro primer destino, la casa de un hermano de mi padre, llegó una ambulancia que nos llevó al hospital militar doctor Marión.
No querían dejarme subir a la ambulancia y mi padre repitió lo mismo que la primera vez. Sin él no voy a ninguna parte, pueden acabar su trabajo aquí mismo. Pero no había llegado todavía nuestra hora.
Llegamos a nuestro próximo destino. Mayor vigilancia en un hospital militar y en calidad de presos del régimen. Aquí entra una frase que yo hice muy mía y que repito con mucha frecuencia, Dios no hace tingo ni Chema y “como el Chapulín Colorado, todo lo que hace lo tiene muy fríamente calculado”.
Quién podría imaginar que precisamente allí aparecerían dos almas tan generosas, una en la del sargento Presinal Solano, hermano del ya nombrado Manuel Antonio, quien como enfermo se dedicó a él en lo que le fue posible, dadas las circunstancias.