PINCELADAS / Siete de julio, pinceladas de una vida

Ernesto Rivera (DUKE).

ERNESTO RIVERA (DUKE) [email protected]

La Guerra de Abril (6)

Llegué a mi casa sin habla y no conté nada de lo que me había sucedido en el camino. Comí bien y dormí esa noche como un bendito. Al otro día me fui por otra vía a mi zona en Santo Domingo en donde, a pesar de todo, me sentía más seguro.

Pasado el tiempo y terminada la guerra, regresé a mi pueblo y a mi familia y comencé a ejercer mi profesión.

Estando un día recostado después del almuerzo, escucho que alguien pregunta a mi madre si ese señor de la fotografía que estaba en la sala era su hijo.

Salté de la cama y al salir reconocí de inmediato a mi salvador. Nos abrazamos emocionados entre lágrimas. Conversamos durante un largo rato y de allí en adelante iniciamos una amistad que fue sincera y duradera hasta la hora de su muerte que ocurrió mucho tiempo después, pero gracias a Dios pude servirle mucho y demostrarle mi agradecimiento. Ojalá que Dios le haya acogido en su Santo Seno.

Pero volvamos un poco más atrás y hablemos del tiempo en que fui un miguelete. Conocí y tuve muy buenos amigos en el barrio San Miguel.

De nuevo en Santo Domingo fui testigo de la toma del cuartel de San Miguel, donde demostró valor y liderazgo Freddy Beras Goico y donde se desarrollaron escenas que un tiempo después al recordarlas me hacían reír, no porque Freddy  fuera comediante, sino por las cosas que allí sucedieron.

Un medio día salí del hospital para la casa y al llegar a la equina de la calle Santomé con Mercedes, comenzaron unos disparos que provenían de Molinos Dominicanos. Me pegué como una calcomanía a la pared debajo del dintel de una puerta muerto de miedo. Sentí que la puerta cedía lentamente detrás de mí y una mano me tomó por el brazo. Tuve la sensación de algo así como si estuviera cayendo en una fosa.

Ahora estaba de frente, pálido como un papel ante una nueva y desconocida salvadora que me dijo: ¿doctor cómo se arriesga usted de esa forma? Aquí no vale su bata blanca ni su maletín, ni siquiera una bandera de la Cruz Roja. Los francotiradores de Molinos Dominicanos no respetan nada y hay que tener mucha precaución para cruzar esta calle.