PINCELADAS / Siete de julio, pinceladas de una vida

Ernesto Rivera (DUKE).

Ernesto Rivera (Duke) / [email protected]

El viaje (9)

Allí estuve por espacio de casi una hora mientras ellos rebuscaban por todos los alrededores. La noche caía y yo me estaba poniendo chivo. Cuando ya iban a partir, recuerdo que tú te paraste al frente y le dijiste al comandante: Eje joven que ustedes montaron en la camioneta es un compañero del colegio que vino de fin de semana conmigo a mi casa, y si se lo llevan a él nos llevan a todos.
El comandante dándosela de extrañado dijo: Yo no he ordenado subir a nadie a la camioneta y mandó a que me bajaran de inmediato. Yo no esperé que me bajaran, me tiré de allí tan rápido que choqué con la pared de la casa y se me hizo en la frente un tremendo chichón.
Y mire usted que cosa. A todo esto había esa noche un baile al que estábamos invitados, y yo casi invitado especial en esas condiciones. Un remedio casero lo resolvió todo. Alguien vino con un pedazo de papel untado de mantequilla y una buena cantidad de sal molida que me pusieron sobre el chichón, y a la media hora no había ni señal de éste.
En cuando a Manolo, siempre lo imaginé como un ser rodeado de un halo especial que lo hacía distinto a todos los demás hombres del grupo, no solo por su valentía, sino porque con Minerva, a la que también consideraba distinta, formaban una pareja especial predestinada a ser un símbolo no perecedero.
Como tuve muchas veces la ocasión de visitar a Mamá Chea, como se le llamaba cariñosamente a la madre de las tres heroínas, traté de cerca a la pequeña Minou, que ya hoy no se acordará de mí y a Manolito que me llamaba tío, por un cierto parecido con el profesor Víctor Hidalgo Justo, primo de su padre y verdadero tío suyo.